30 de noviembre de 2012

The deep blue sea (2012), Terence Davies

El británico Terence Davies es uno de esos cineastas fiel a su estilo, capaz de captar la atmósfera que desea a través de una cuidada puesta en escena y la solvencia con la que narra sus historias. Un cineasta que cuenta en su haber algunas obras notables como El largo día acaba (1992) o Voces distantes (1988) y que retoma el cine de ficción después de once años. 


The deep blue sea, adaptación de la obra teatral de Terence Rattigan, es una historia de amor amargo. En el Londres de los años 50, una mujer casada con un juez tiene una aventura con un expiloto. En esos tiempos de paz en los que inevitablemente afloran los fantasmas de la guerra, se desencadena entre ellos una historia de amor tan pasional como convulsa.

Por ello, Davies opta por crear una atmósfera íntima y nostálgica, que retrata de forma fiel la esencia de ese momento histórico. El ambiente cálido y familiar de los pubs, las canciones populares, el aire lúgubre de las calles… Utiliza movimientos de cámara de una fuerza extraordinaria y una iluminación tenue que es la tónica de una fotografía de grano duro exquisita. Consigue que la película sea un placer para la vista y el resto de los sentidos. Porque a su vez, las imágenes se adornan con una banda sonora que acompaña a los protagonistas acentuando al máximo su estado de ánimo, dotando la escena de una áurea todavía más melodramática. 

En In the mood for love los violines del vals Yumeji’s theme, de Umebayashi acompañaban los encuentros y desencuentros de Chow y la señora Chan. Su estética inconfundible, la fotografía magistralmente ejecutada por Christopher Doyle y la belleza de esa música irrepetible, consiguen que a uno todavía se le erice la piel cada vez que ve a esa mujer subiendo la escalera. Y es que es la obra en la que quizá, como Davies, Wong Kar Wai ha hecho su mayor declaración de estilo.

El cineasta hongkonés y el británico utilizan un discurso narrativo muy similar. Articulan sus películas amalgamando una serie de recuerdos que definen a los personajes desde su pasado. Como si vaciaran algunos de los lugares recónditos de su memoria, donde se encuentran los detalles más delicados, pero también los más dolorosos. Aunque The Deep blue sea abarca de forma lineal un día en la vida de la protagonista, va encadenando visiones del pasado para poder explicar el desarrollo del triángulo amoroso. Algo que se encarga de ejecutar de forma excepcional un elenco actoral encabezado por Rachel Weisz. Porque si Maggie Cheung nos emocionaba en la película de Wong Kar Wai, Weisz está pletórica. Con una habilidad pasmosa para expresar sentimientos sin diálogo, se mete en la piel de una mujer que se asoma continuamente a la ventana. Y tan pronto parece abrirla para bañarse por el sol reparador, como para lanzarse al abismo. Porque la línea que separa el amor de la soledad es tan delgada que no puede quedarse sobre ella.