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18 de mayo de 2008

Nosferatu (1922), F. Wilheim Murnau

Las figuras cinematográficas malignas del expresionismo alemán representan verdaderamente “el mal” personificado. Son un ente superior y abstracto reflejado en un ser tangible cuya alma se ha vendido o ha sido robada por el diablo, o de la misma forma, son resultado de las propias fuerzas mágicas demoníacas. De ahí proceden el Conde Orlock, Césare, el Golem, Humunculus, e incluso Scapinelli, Mefistófeles o Caligari. No obstante la figura cinematográfica del monstruo propiamente dicha, con sus atributos y personalidad característica nace realmente con las creaciones de la Universal, con la figuración de Drácula, de los vampiros, de Frankenstein, etc.

Esa figura más abstracta del mal, permite más cómodamente ciertos metaforismos. Un ejemplo es que la figura de Nosferatu se vincula claramente con una figura animal: la rata. De hecho, el mismo personaje se asemeja físicamente al roedor, e indisociablemente, dado que en el film éste representa una plaga, se le asocia a ella como invasor transmisor de la enfermedad que acaba con un gran número de vidas humanas. No es extraño entonces, que el cartel de la película retrate la figura de Nosferatu de una forma híbrida, donde se advierten rasgos propios de una rata. Y es que Henrick Galeen se preocupó de remarcar este aspecto en la película tomando la referencia de un hecho histórico patrio. Trasladó la acción del Londres de Stoker al Wismar de 1843, donde se produjo una peste que causó estragos. Aunque en la versión inglesa, la trama transcurre en el Bremen de 1838, donde ocurrió lo mismo. Tras una tradición de siglos, el escepticismo asoció en muchas ocasiones estos hechos a la aparición de vampiros.

No obstante a Murnau, especialista en el manejo del simbolismo y el lenguaje de la imagen, le interesó en un momento del film asociar a su vampiro con otro animal: la araña. En la secuencia del barco, el vampiro que ya ha acabado con la tripulación, se nos muestra poderoso -como vemos en la imagen- mediante un plano contrapicado, rodeado por el cordaje de las velas del barco. De tal manera que la imagen juega con la facultad oscura del personaje vampírico, esa capacidad de seducir a la víctima llevándola a su terreno, donde al caer inesperadamente en sus redes no va a tener escapatoria. Así el gran cineasta alemán teje una tela de araña entorno a su personaje, expresando más aún si cabe, sus intenciones y características, creando un cuadro que inmediatamente nos remite a la figura arácnida.