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11 de noviembre de 2012

Detachment (2012), Tony Kaye

Henry Bathes es un profesor sin plaza que dedica su vida a vagar de instituto en instituto, sin poder profundizar en su metodología de trabajo. Sin embargo, es una persona dotada de una facilidad especial para congeniar con los alumnos más conflictivos de una muy mermada educación pública. Con un abuelo enfermo como única familia, se encariña de una niña que se prostituye en la calle y decide ayudarla.


Detachment no es la película sobre un profesor guay que consigue cambiar a un grupo de alumnos rebeldes que no iban a ser nada en la vida. Se trata de una película que intenta meterse realmente en el meollo de la cuestión y lanzar una reflexión crítica, aunque algo sobre cargada. Utiliza un discurso dinámico y visualmente muy atractivo que la acerca al cine independiente norteamericano desde inicio. Cámara al hombro, cambios de narrador, imágenes de video amateur, cambios a blanco y negro, pequeñas escenas de animación en stop motion, etc.

A modo de diario filmado, Bathes (interpretado de forma excelente por Adrien Brody) comienza a narrar su experiencia docente y otros asuntos de su vida personal. La cita de Albert Camus “Y nunca me he sentido tan profundamente en un único y mismo momento tan separado de mí mismo y tan presente en el mundo”, a modo de cierre de un breve prólogo, dice mucho del estado psicológico que atraviesan él y el resto de los personajes del film. 

Detachment es una película dura, que no se anda con tapujos. Expone todo un repertorio de desgracias y momentos desagradables, creando un todo que acaba siendo demasiado barroco. En las películas del género suele aparecer la figura de un profesor de gran calidad humana y un don especial para redirigir a sus alumnos. Tony Kaye corre el riesgo de sumarle a su protagonista una vida personal agoniosa marcada por las drogas, el suicidio, el abandono de un padre, la situación de dependencia de un abuelo y un largo etc. Vamos, un dramón total que no han necesitado grandes películas como La clase, Hoy empieza todo o Profesor Lazhar, por muy dramática que sea la situación que viven sus docentes protagonistas. Al fin y al cabo Kaye utiliza el recurso como reclamo, para cazar al espectador y abandonarlo en una trágica tela de araña. La reflexión sobre el sistema educativo y la situación de sus docentes está ahí, pero aun manteniéndose fuera de las convenciones, acaba siendo un tanto superficial en algunos aspectos. Detrás de las películas de Cantet, Tavernier y Falardeau las situaciones se vuelven más tangibles. Sin necesidad de avasallar al espectador con los giros dramáticos, saben gestionarlos en sus dosis perfectas dejando espacio para una reflexión que no tiene por qué darse tan masticada. Porque en sus películas nos topamos con personas que nunca se rinden, incombustibles profesionales de la educación que entregan la vida en su trabajo y que aparecen representados en definitiva, como un retrato fiable de la realidad educativa que atravesamos.

22 de junio de 2012

Profesor Lazhar (2011), Phillip Falardeau


Bashir Lazhar es un refugiado argelino que busca asilo político en el Canadá francófono. Mientras intenta normalizar su situación, encuentra trabajo en un colegio en el que nadie quiere sustituir a una maestra que se suicidó ahorcándose en un aula. No sin antes pasar por ciertas dificultades, Lazhar consigue hacerse al grupo de alumnos y ayudarles a olvidar el duro golpe vivido con la pérdida de su anterior maestra.
Profesor Lazhar es una película sobre educación de las que no pasa desapercibida. Abandonando el discurso facilón de las múltiples producciones hollywoodienses sobre el tema, el film de Falardeau tiene mucho del compromiso de Hoy empieza todo (Bertrand Tavernier) y del retrato realista, más cercano al documental, de La clase (Laurent Cantet). Aunque en el caso de Profesor Lazhar se trata de una ficción mucho más marcada, donde aparecen además otros muchos temas, como la inmigración, la duda ante lo foráneo, la falta de comunicación entre padres e hijos o la dificultad para aceptar la muerte. Todo con un estilo poco efectista que rehúye de caer en los tipismos del melodrama y la lágrima fácil. Lo cual transmite cercanía a un espectador que se siente en la piel de los personajes.
Profesor Lazhar es una de esas películas (como las otras dos anteriormente citadas) absolutamente recomendables, sobre todo para el grupo de patanes que nos gobierna. Quizá esa sea una buena manera de empezar a reflexionar sobre los problemas tangibles en materia de educación. Que les ayude a abrir los ojos a  esas personas que recortan en materia laboral sin haber trabajado en su vida o en materia de educación y sanidad sin haber pisado, ni pensar pisar, una escuela pública o un hospital que no sea de pago. Así nos va.