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20 de octubre de 2012

“Lo imposible” y otras posibilidades

La última película del laureado director de El orfanato (2009) ha conseguido el récord de taquilla en España durante su primer fin de semana en cartel. Con un presupuesto de 30 millones de euros de financiación española, en sus tres primeros días de exhibición Lo imposible ha obtenido la friolera de 8.976.000 euros de beneficio, con casi 70.000 espectadores más que Torrente 4 (2011). En las últimas semanas tanto Juan Antonio Bayona, como su equipo y los protagonistas reales de la historia, han estado en todos los medios de comunicación del país, contribuyendo a realizar una buena campaña publicitaria que sin duda ha recogido sus frutos. Pero tal vez sea más importante si cabe, el hecho de que los protagonistas de una historia que sucedió a miles de kilómetros de España, en medio del tsunami que azotó el sudeste asiático en 2004, sean españoles. Una historia cercana que contó en su día en la radio la mujer que la vivió en primera persona y que maravilló al equipo de producción de Lo imposible, que con el cometido de conseguir mayor financiación se afanó en encontrar unos intérpretes de relevancia mundial como Ewan Mcgregor y Naomi Watts. 


No es de extrañar pues, que la historia haya repercutido tanto y su desenlace sea conocido por todos. Una familia que queda separada por la catástrofe natural, que sin embargo y contra todo pronóstico se topa con un final feliz. Lo cual desde el punto de vista cinematográfico puede suponer de entrada una dificultad a superar a la hora de atrapar al espectador. Pocos como el maestro Alfred Hitchkock tenían por costumbre desvelarnos de antemano lo que iba a ocurrir en el desenlace de sus películas. Lo curioso es que igualmente nos mantenía hasta el final con el nervio a flor de piel. Un gran reto que Bayona, buscando la lágrima fácil, no logra conseguir con garantías.

Claramente dividida en dos partes, Lo imposible muestra en su primer asalto el virtuosismo y la destreza de su director. La llegada del tsunami queda reflejada con un hiperrealismo y espectacularidad abrumadores. La conjunción de los planos, la violencia del sonido, la calidad de los efectos especiales… Hasta ahí todo tremendo, devastador, inabarcable. Sin embargo la película avanza y aparecen las carencias. Bayona juega de forma cansina con la banda sonora que destaca hasta el mínimo momento dramático. La trama va perdiendo interés y en ocasiones entre tanta lágrima se acerca muy peligrosamente al telefilm. Algo en lo que había caído en otra ocasión otro de nuestros más virtuosos e internacionales cineastas en su televisiva Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004). 

En una línea totalmente opuesta a Lo imposible camina Radu Muntean en su película Martes, después de Navidad (2010), que proyecta el TEA este fin de semana. Una de las películas a tener en cuenta del nuevo (y bueno) cine rumano. Tan lejana de la espectacularidad y del cine de masas, como cercana a la forma sobria de narrar historias de Cristi Puiu (La muerte del Sr. Lazarescu, 2005) o Cristian Mungiu (4 meses, 3 semanas y 2 días, 2007). Si Bayona es hiperrealista en la espectacularidad de la recreación de los hechos, Muntean es sobrio y austero. La realidad, en la película del cineasta rumano se respira en cada escena, en cada gesto de sus protagonistas. Evita el plano contra-plano en los diálogos y niega el detalle. Coloca la cámara fija y deja que el plano se alargue tanto como exija el diálogo hasta conseguir reproducir la escena de la manera más creíble posible.  

Como Lo imposible, Martes, después de Navidad habla de una pérdida y un rencuentro, el del amor. Esta vez del amor dormido de un hombre hacia su esposa, con la que tiene una hija, y el amor apasionado que por el contrario vive con su amante. En el fondo, de cómo se viven una mentira y los sentimientos encontrados que provoca.

Este fin de semana pueden conocer uno de los escasos éxitos taquilleros del cine español o disfrutar de la producente nueva ola de cine rumano. Sea como sea, disfruten del cine.

3 de agosto de 2012

Carmina o revienta (2012), Paco León


Carmina Barrios es una mujer auténtica, de barrio, valiente y avispada. Una mujer de ideas claras capaz de darlo todo por cumplir sus propósitos y defender a su familia. Resulta que además es la madre del Paco León, aquel actor que se dio a conocer por algunas interpretaciones televisivas, como por ejemplo en la serie Aída
Carmina o revienta nos presenta a la familia León (incluida la recientemente laureada coprotagonista de La voz dormida, María León) de una de las formas más extravagantes posibles. Parte de algunos aspectos reales, del carácter de sus personajes y de su vida real, experiencias vividas por la familia con anterioridad, etc. Todo queda muy adulterado por una ficción que en ocasiones se aproxima en exceso a lo “freak”, pero que te deja con buen sabor de boca.
Lo más destacable de Carmina o revienta no es la calidad de su fotografía o la cuestionable efectividad de su guion, sino el revuelo que ha levantado su arriesgada y desafiante distribución y exhibición. En realidad, Paco León no es ni mucho menos el primero que se aventura a costearse una película barata y arriesgada, y estrenarla directamente en internet. Muchos otros lo han hecho anteriormente con mayor o menor éxito, explorando nuevos campos de producción, distribución y exhibición del cine. Sin embargo, León ha sido el primer cineasta español en estrenar simultáneamente su película en las salas de cine, Internet y copia digital de manera pasiva. O lo que es más importante, suscita mayor repercusión el hecho de que se trate de una persona con cierto nombre (tanto como para llegar a todos medios de comunicación en general), capaz de conseguir sobradamente una taquilla destacable. A lo que añadir el éxito adquirido por el veredicto del Festival de Cine Español de Málaga, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado, el del Público y el de Mejor Actriz. Por eso el sistema se ha sentido agredido, porque lo ha hecho alguien que probablemente no necesitaba ningún factor exterior a lo comúnmente establecido para recuperar o incluso multiplicar el dinero invertido en su película. Porque en estos tiempos que corren tan malos para la cultura, se ha cuestionado a gran escala la efectividad de la distribución del cine, proponiéndose nuevas vías a las que lamentablemente las viejas convenciones se oponen.
Sin embargo, resulta evidente que el séptimo arte está cambiado, y mucho. Lo cuál no resulta nada extraño. La historia del cine ha pasado innumerables momentos convulsos, como el paso del mudo al sonoro, el cambio a la tecnología del color, la creación de las multisalas, la desaparición de los pequeños cines o el paso a la tecnología digital, incluido el 3D. Llevamos años en clara transformación. Es momento de entender la exhibición del cine fuera de las salas (sin necesidad de que estas mueran definitivamente), utilizando las ventajas de los canales de consumo de masas, véase internet. Y Paco León, mediante una película en principio no apta para todos los públicos, se pone precisamente del lado de los que realmente permitimos que ese placer que es el cine exista: los espectadores.

27 de abril de 2012

Grupo 7 (2012), Alberto Rodríguez

En una semana más de estrenos insulsos en la cartelera de Tenerife, ausentes títulos de gran reconocimiento internacional como Take Shelter (Nichols), Esto no es una película (Panahi), Alps (Lanthimos) o Kiseki (Kore Eda), Grupo 7 se ha configurado como una de las opciones más atractivas de las salas de la isla. Y es que la quinta película de Alberto Rodríguez confirma el buen estado del cine policiaco español. Un género que ha alcanzado máximos de calidad en los últimos años con Celda 211 (Daniel Monzón, 2009) y No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011.

El Grupo 7 es una unidad policial antidroga creada para limpiar las calles de Sevilla en los cuatro años precedentes a la Expo 92. Cuatro agentes que persiguen a los traficantes y consumidores de droga del centro de una ciudad que se prepara para ser el centro de atención mundial. A través de su día a día, la película narra cómo este grupo policial participa en la transformación de la ciudad.
Si algo define a Grupo 7 es que es una que película que respira veracidad. Conseguir retratar la Sevilla de hace veinte años mostrando además gran número de exteriores no es tarea fácil. Detrás se encuentran un trabajo laborioso y la astucia de un buen equipo y su director. Los detalles de la puesta en escena, las escenas que van del costumbrismo a la crudeza absoluta, el lenguaje narrativo muy cercano, vívido y directo, que consigue que el espectador no pierda el interés en ningún momento, dan cuenta de ello. Como la forma cronológica en que se nos muestra la transformación urbanística de la ciudad utilizando un mismo tema de la banda sonora cada vez que aparece el año en el que nos encontramos, utilizando imágenes de archivo referentes a los trabajos de construcción. Todo enfatiza la impresión de documento, de hecho real. 
Más difícil si cabe en este juego de ficción y realidad es encuadrar las escenas de acción. Filmadas de forma vertiginosa, a su gran espectacularidad se contrapone un realismo pasmoso. No hay coreografía, las persecuciones y las escenas de violencia que no son un ejercicio de golpes espectaculares o movimientos imposibles, sino que tratan de acercarse a la simplicidad y vulnerabilidad del cuerpo humano. Y debe ser así, porque en el Grupo 7 no hay ningún héroe. No hay un agente perfecto, un guapo forzudo que se tome la ley por su mano porque él lo vale. Que reparta patadas de kung fu y maneje la pistola con una puntería milimetrada. Cada uno de los cuatro agentes protagonistas tiene trapos sucios, tanto en su vida personal como profesional. Todos tienen dos caras. Esto es porque según afirmaba el propio Alberto Rodríguez, al filmar la película no se fijaron en producciones espectaculares, sino en películas cercanas, como Ley 627 (B. Tavernier, 1992).
Y entre tanto tinglado, para que una película funcione es necesaria la aportación de buenos actores. En Grupo 7 todas las interpretaciones son destacables, sobre todo las de los dos protagonistas principales, Mario Casas y Antonio de la Torre. El primero notable, aunque todavía resulte difícil quitarle el cliché de actor de moda adolescente. El segundo, con una interpretación como siempre impecable, reafirmándose como uno de los dos o tres mejores actores de este país.
En definitiva, en este caso los que no creen en el cine español no podrán decir que esta película no es buena.

13 de abril de 2012

[Rec]3: Génesis (2011), Paco Plaza

La celebración de una boda en un recinto enorme al que asisten centenares de invitados, representa un lugar inmejorable para los excesos. Los de todos los mortales y por qué no, de un grupo de infestados poseídos por el demonio, que corretean a sus anchas con hambre de carne humana. Un lugar en el que aflora una triste historia de amor. La de unos novios que se topan con una carnicería en el día que esperaban que fuera el mejor de sus vidas.

Esta es, sin ir más lejos, la premisa principal de la continuación de la saga [Rec], dirigida esta vez únicamente por Paco Plaza. Un cineasta curtido en el género de terror que ya codirigió con Jaume Balagueró las dos primeras entregas de la serie, y que ahora ha tratado de hacer una película que rompiera un tanto con sus antecesoras. La última entrega será [Rec]4: Apocalipsis, cuyas riendas tomará esta vez en solitario Balagueró.

Por primera vez en la saga, [Rec]3: Génesis abandona la cámara subjetiva como principal campo de visión del espectador. Sin embargo, este recurso sí aparece en inicio, tanto a través de las cámaras que graban el video de boda profesional, como las de los vídeos caseros. De hecho, la película se abre ni más ni menos que con el menú del DVD de la celebración. No obstante, tras una primera y sustanciosa muestra de la infección y un ya reconocible homenaje al inicio de la saga (“esto hay que grabarlo todo”), Plaza abandona la cámara subjetiva y pasa a la multiplicidad de planos, contando la historia desde fuera de la misma, como lo suele hacer el cine. Lo cuál contrarresta a ese efecto característico de “tele realidad”, de la imagen directo de las dos anteriores películas. El espectador no se mete en la piel de los personajes con la misma efectividad, pero sin embargo, al realizador valenciano le sirve para poder contar con mayor comodidad una historia que baraja distintos géneros. [Rec]3: Génesis contiene constantes dosis de humor negro que consiguen arrancar la carcajada (momentos en los que se satiriza sobre el canon, Sant Jordi y la tradición católica o “John Esponja”) pero sobretodo contiene las dosis necesarias para ser una historia de amor. Porque la trama gira completamente entorno a los novios, interpretados por Diego Martín y Leticia Dolera (esta última en una interpretación excelente). La película es la reacción de ambos a la infección y su demostración de amor de principio a fin.

[Rec]3: Génesis propone algo destacable, y es que no intenta engañar al espectador. Es lo que es, un ejercicio de entretenimiento para los amantes del terror con tintes cómicos y sangre a raudales. Para aquellos que hayan disfrutado con la etapa más divertida de G. A. Romero, del primer Peter Jackson o del tipo de película de zombis en la línea de Bienvenidos a Zombieland (Ruben Fleischer, 2009).

Nada que ver con la primera entrega, [Rec] (2007), película que ya representa un hito del cine de terror español y que es sin duda la mejor de las tres. Ritmo frenético, sustos potentes y un sarcasmo magistral con el que Balagueró y Plaza desgranaban a la comunidad de vecinos de una finca cualquiera del barrio del Eixample de Barcelona. Resquicios de los que aún queda algo en [Rec]3: Génesis, aunque ésta, es una película muy distinta.

30 de marzo de 2012

Extraterrestre (2011), Nacho Vigalondo

Que un domingo a última hora de la tarde, asistan seis personas a una sala a ver Extraterrestre, cuando en la entrada de los multicines había una larga cola, dice mucho sobre sus expectativas comerciales. Mientras, una semana más, Intocable abarrotaba la sala de al lado y otra película española, la insulsa La montaña rusa, conseguía un aforo un tanto más generoso.
Después de debutar en el largometraje con Los cronocrímenes (2008), el cineasta Nacho Vigalondo sigue renunciando al éxito comercial. Continúa anteponiendo su forma de entender el cine a las fórmulas facilonas que aseguran el triunfo en taquilla. Lo que hace con Extraterrestre es intentar proponer algo nuevo y aunque el resultado no sea nada del otro mundo, la película entretiene.
Julio y Julia (Julián Villagrán y Michelle Jenner) se despiertan juntos una mañana cualquiera como dos desconocidos tras una noche de fiesta. Descubren anonadados un Madrid desierto en el que se ha producido una invasión extraterrestre. Como si eso fuera poco, la cosa se empieza a complicar cuando aparecen en escena dos personajes especialmente peculiares, un vecino trastornado (Carlos Areces) y el novio de Julia (Raúl Cimas), que desconoce los cuernos de ella.
Este grupo de personajes (sobre todo la pareja protagonista), pasa la mayor parte de la película en el interior de un piso. Como si de una especie de efecto de El Ángel exterminador se abalanzara sobre ellos y no fueran capaces de tomar la iniciativa de afrontar el problema, la incertidumbre de saber qué está pasando. La película de ficción pasa enseguida a un segundo plano y aflora la comedia romántica y surrealista. Según el propio Vigalondo (ese cineasta tan independiente como mediático), su intención es una película de ficción donde encaja una comedia romántica. Pero en el resultado final más bien se invierten los términos. Al fin y al cabo los personajes acaban actuando en función de sus sentimientos y no en función de lo que está ocurriendo ahí fuera. Una invasión extraterrestre de la que desconocen prácticamente todo.
Aunque la película muestra algunas carencias como la repetición de ciertas situaciones de la trama o una grabación de sonido un tanto deficiente, tiene el valor de contar un tipo de historia que suele conllevar virtuosismos y efectos especiales, con una economía de medios envidiable. El cineasta cántabro arrastra al espectador a su terreno consiguiendo que no aguante toda la película simplemente para ver a algún alienígena.
Sea como sea, Extraterrestre es una película idónea para perder los perjuicios hacia el cine patrio. Finalmente, como espectadores potenciales, acabamos contribuyendo al éxito comercial de películas mainstream americanas que en muchas ocasiones no consiguen ni mucho menos, hacernos saltar de la butaca. Tal vez deberíamos apoyar más a nuestro cine e ir a ver este tipo de películas. Sobre todo, los amantes del absurdo.

10 de febrero de 2012

Eva (2011), Kike Maíllo

Eva nos presenta una historia futurista y llena de suspense, que gira en torno a un triángulo amoroso. Una película de género arriesgada y diferente en una cinematografía española, donde es escaso el cine de ciencia ficción. De momento 12 nominaciones a los Goya la respaldan.

El film se sitúa en un paisaje gélido, asolado por la nieve. Un lugar donde, en el año 2041, el ser humano es capaz de crear robots a su imagen y semejanza. Para trasladarnos a este ambiente futurista, se entremezcla la reproducción de la estética de los años 70 con la utilización de unos efectos especiales notables. Los coches, los interiores o la forma de vestir de esa época conviven con la inteligencia artificial. Algo que aunque resulta un poco extraño al principio, acaba dando buen resultado.

El punto de partida de la trama es el retorno a la ciudad del protagonista del film, Álex (Daniel Brühl). Lo cual cierra un triángulo amoroso formado por su hermano (Alberto Ammann) y la mujer de éste (Marta Etura) en el que participa un factor externo: Eva. Álex vuelve a la ciudad donde se creció con el cometido de retomar una investigación sobre la robótica emocional aplicada a niños robots. Pero en el fondo esa es sólo la excusa, porque hay otros motivos que lo empujan a volver.

A través de unas localizaciones muy bien elegidas y una fotografía muy bien ejecutada, el espectador siente los sentimientos de nostalgia y tristeza que le producen al protagonista el entorno en el que de nuevo se encuentra. La labor de la producción artística es encomiable, porque el fondo de la escena transmite los sentimientos del protagonista tanto como su propia interpretación.

Con la primera secuencia de la película, Maíllo ya nos presenta ese angosto y duro paisaje. Nos muestra aquello que ni siquiera el ser humano es capaz de contener: la naturaleza. Y para ello utiliza uno de los más preciados recursos utilizados por el maestro del suspense, Alfred Hitchcock. Mediante un flash forward nos enseña en la secuencia inicial, el que será prácticamente el desenlace de la película. Una forma maravillosa de encarar la trama dejándonos ver, cuando aún no conocemos nada de la misma, cuál será su detonante.

No sería nada descabellado que Eva se llevara unos cuantos premios el próximo 19 de febrero. Aunque lo tenga difícil en candidaturas como mejor guión original, mejor dirección de fotografía, mejor actor principal o mejor actor de reparto, al menos los premios a los mejores efectos especiales y mejor director novel serían más que merecidos.

13 de enero de 2012

La piel que habito (2011), Pedro Almodóvar

Que una película se postule como candidata a ganadora, con 16 nominaciones, en los premios Goya, no es poco. Cuestiones a parte sobre la coherencia de las nominaciones en nuestros premios mainstream, lo cierto es que a pesar del gran número de críticas negativas que ha recibido La piel que habito, únicamente unas pocas pueden justificarse.

El director manchego aboga en esta ocasión por contar una historia con cierto talante terrorífico y carácter de thriller realizando una versión personal de la novela “Tarántula”, de Thierry Jaquet. Antonio Banderas interpreta a un cirujano plástico perturbado que tiene montado un laboratorio en su casa en el que desafía los límites lógicos de la ciencia, obsesionado tras la pérdida de su mujer. La temática de la película (y su estética), bien podría ser la de una película de terror clásico, desde Frankenstein a Los ojos sin rostro.

Sin embargo, hay momentos del metraje tan estilizados que acercan al espectador a la risa, como la aparición de un ladrón disfrazado de tigre interpretado de forma bastante desafortunada, o en el desenlace final del film. Pero ¿acaso no hay mucho de esto en toda la filmografía de Almodóvar? No obstante, del film emana una atmósfera inquietante e impenetrable que lo gobierna de principio a fin. De la cual son principalmente responsables una estética brillante, perturbadora, y una nueva banda sonora de Alberto Iglesias (marca de la casa) genial y absolutamente absorbente.

El director manchego da en cierta forma un paso de madurez tocando géneros a los que poco se había acercado. Y no se cierra al hacerlo, porque Almodóvar siempre será Almodóvar. Comentarios sobre un lubricante, un personaje irreal disfrazado de tigre, el parentesco forzado entre éste y el doctor, el propio enrevesamiento extremo de los lazos entre los personajes que componen la trama… son todos ellos elementos puramente almodovarianos que bien podríamos relacionar con otras producciones de su filmografía.

Por otro lado, algunos críticos cuestionaron la interpretación de Banderas por sobre actuada (entre los que me incluía después de ver el tráiler). Cierto es que en ocasiones riza un tanto el rizo, pero no olvidemos que Almodóvar siempre lleva al límite de expresión a sus personajes y que el actor malagueño interpreta a un doctor profundamente perturbado, marcado por dos graves pérdidas. Banderas hace en conjunto un trabajo muy serio y aunque lo tiene difícil, no descarto que gane el premio al mejor actor en los Goya de este año.

La piel que habito baraja los elementos del cine de género de terror y thriller con los propios de un autor claramente reconocible, distinto y personal, dentro y fuera de nuestras fronteras. La investigación en nuevos terrenos fílmicos que supone su película puede causar mayor o menor fervor entre los seguidores o detractores de Almodóvar. Lo cual queda al margen si pensamos que cuanto menos, barajar géneros siendo fiel a uno mismo no es nada fácil.

15 de diciembre de 2011

Los pasos dobles (2011), Isaki Lacuesta

Los pasos dobles es una película de ficción con elementos de documental, arriesgada y difícil de clasificar. El proyecto nace a raíz de la fijación del cineasta Isaki Lacuesta por el trabajo del pintor Miquel Barceló y la inquietud por filmarlo en su taller de Mali. De las conversaciones con el pintor español surge la idea de crear una ficción en torno a la figura del escritor y pintor francés François Augiéras (1925-1971), del cual se dice que realizó una serie de frescos en un búnker que quedó sepultado bajo la arena del desierto en algún lugar del país Dogón.

Además, Los pasos dobles se completa con un documental, cuyo título, Pasodoble, hace referencia a la performance que realizaron Barceló y el coreógrafo Josef Nadj en Mali. Aunque se trata de un documental con trazos de autor (como todo lo que hace Lacuesta), su lenguaje es mucho más convencional que el de Los pasos dobles, cuyo éxito en el Festival de San Sebastián de este año ha sido muy cuestionado. A pesar de las críticas que ha recibido el realizador catalán tras hacerse con la Concha de Oro, lo cierto es que su trabajo se encuentra en la vanguardia del cine español actual, no sólo por su innovación, sino por su calidad.

En Los pasos dobles observamos una dualidad existente en la mayor parte de la filmografía de Lacuesta. Tanto en Cravan vs Cravan (2002) como en La leyenda del tiempo (2006) los protagonistas comparten un camino común con el personaje legendario al que admiran y pretenden acercarse. De esta forma las figuras de unos y otros acaban yuxtaponiéndose y dialogando, casi fusionándose. Lo mismo sucede en Los pasos dobles entre Miquel Barceló y François Augiéras.

Lacuesta da vida al escritor y pintor francés en la figura de un hombre no europeo, autóctono de las tierras en las que se supone se encuentra el búnker. De esta manera, el director de Los condenados (2009), emplea una de las cualidades de aquello legendario que pervive en la memoria de los pueblos, que puede reencarnarse de distintas formas en función del quién lo cuenta, en función de quién lo sienta propio. Y para contar esta historia, este personaje anónimo vivirá los acontecimientos que Augiéras vivió en la vida real, tomando incluso su nombre.

Y es que Lacuesta no sólo se refiere a las leyendas africanas, al arraigo de lo mítico y del ritual en su cultura. El realizador catalán hace un collage añadiendo además nuestros mitos occidentales, que al fin y al cabo han dejado una marca infranqueable en los pueblos africanos a raíz de la colonización. De ahí que no le importe crear una escena con bandoleros africanos en moto, con sombrero y pañuelo sobre sus rostros, asaltando carretas y coches como si fueran vaqueros asaltando una diligencia, proponiendo acertijos a aquéllos que piden se les ceda el paso. De ahí la genial banda sonora que acompaña el film y refuerza su espíritu aventurero, con melodía e instrumentalización propia del más puro “spaguetti western”, género del que por otra parte, Augiéras se confesó admirador.

En definitiva, Los pasos dobles apuesta por un cine de factura limpia y carácter renovador y abierto. Un cine fuera de la ficción o el documental convencional sobre África, el cual conlleva a menudo un carácter de denuncia. Aunque la película deja muchas ramas abiertas, también se desmarca de la visión antropológica a lo Jean Rouch. Porque Lacuesta crea su propio estilo. Al fin y al cabo, como en el resto de su filmografía, su cometido es abrirnos no solo un camino hacia sus personajes y leyendas, sino también hacia nosotros mismos.

18 de octubre de 2011

Mientras duermes (2011), Jaume Balagueró

A pesar de no ser una gran película, Mientras duermes confirma dos cosas. La primera, la capacidad del cine español para crear un cine de género que aúna calidad y entretenimiento, o lo que es lo mismo, éxito de taquilla. La segunda, la reafirmación de un realizador que se mantiene a la cabeza del cine de terror nacional como es el catalán Jaume Balagueró.

Tomando no pocas referencias de La comunidad (Álex de la Iglesia, 2000), Balagueró se vuelve a meter en un edificio céntrico de Barcelona donde rueda casi íntegramente la película, a excepción de un par de planos, como hizo en Rec. Sin embargo, Balagueró abandona en esta ocasión el terror y lo fantástico para crear un thriller de corte realista. Tanto en sus anteriores Darkness (2002), Frágiles (2005) y la saga Rec (2007 y 2009), como su notable primer largometraje Los sin nombre (1999), se muestra una atracción por lo sobrenatural, por aquello intangible que va más allá de la razón humana y nos sume en el terror absoluto. Mientras duermes abandona ese terror irracional y nos sumerge en una atmósfera cotidiana, perturbadora, en la que en ocasiones casi estamos de parte de una persona cuyo sadismo y crueldad son infinitos. No nos olvidemos del gusto de este realizador por los personajes y situaciones de terror y sadismo casi gratuito.

El siempre más que solvente Luís Tosar carga en sus espaldas el peso fundamental de la película, que con la ayuda de Marta Etura conforma un aparato interpretativo sólido y creíble que forma el tándem perfecto con la cadencia y ritmo de la película. Lo cual a medida que avanza el metraje se va generando una atmósfera agobiante de esas con las que bien disfruta dando forma Balagueró y que tan bien sabe crear.

Aunque aparecen a lo largo del metraje algunos tópicos e incluso situaciones un tanto forzadas, no olvidemos que estamos viendo cine de género, un cine que no tiene nada que envidiar a la mayor parte de la parrilla cinematográfica procedente del otro lado del charco que invade nuestros cines.