31 de agosto de 2012

Cinco días sin Nora (2009), Mariana Chenillo

Cinco días sin Nora es una comedia negra que zarandea ciertos comportamientos religiosos y del entorno familiar. Rodada en su mayoría en dos espacios cerrados, la película comienza después del suicidio de Nora, narrando los hechos acaecidos en el piso de ésta en los cinco días posteriores a su muerte. Días en los que ante los ojos de su exmarido (interpretado por un enorme Fernando Luján), no dejan de entrar y salir de la casa patéticos y desconcertantes rabinos. Fervorosos creyentes que se comprometen a velar el cadáver y realizar el entierro, para el que según sus creencias, deben esperar el paso de ciertos días clave en la devoción judía. Lo cual da pie a largas horas de espera y conversaciones. Al enfrentamiento religioso, a la contraposición de posturas entre unos y otros, expresadas mediante ágiles diálogos con buenos golpes de humor y sarcasmo. 

Mientras tanto, y con la llegada del hijo, todos irán admirando cómo Nora les tenía preparada su muerte como una especie de venganza, como un plan premeditado para reunirles bajo ese mismo techo, donde desvelarles algunos secretos a través de una serie de pistas que fue depositando en la pieza antes de su muerte. Cinco días sin Nora hace comedia por lo tanto de una situación tan dramática como es la de un entierro, donde aflora la lágrima, aunque también puede surgir la carcajada más absurda ante tanto desconcierto emocional. Haciéndose valer de un guion inteligente y en ocasiones de trasfondo crítico, la comedia negra va transformándose poco a poco en drama, y esa transición que no termina de cuajar, hace que la cinta pierda fuelle. De tal manera que uno casi tiene la sensación de haber visto dos películas distintas, aunque no pierde el interés.

La ópera prima de Mariana Chenillo es otra de esas películas que llega a nuestras pantallas años después de su estreno en Latinoamérica y que de algún modo nos acerca un poco más al cine mexicano actual. Una más que interesante cinematografía de la que generalmente poco conocemos fuera de los circuitos comerciales. De grandes cineastas como Arturo Ripstein y Carlos Reygadas, Iñárritu, Cuarón y Guillermo del Toro son quizás los más conocidos en nuestro país. Pero emergen otros nombres como Enrique Rivero, Francisco Vargas, Juan Carlos Rulfo, Gerardo Naranjo, Rigoberto Pérezcano o por qué no, Mariana Chenillo.

17 de agosto de 2012

El Skylab (2012), Julie Delpy


Una familia modélica viaja en un tren rumbo al lugar de vacaciones. En el camino emergen los recuerdos de la infancia y de la reconfortante unión familiar que se producía cuando todos se reunían en torno a una misma mesa y compartían un mismo techo. Unas reuniones que mostraban sobre todo lo bueno del lazo familiar, pero también a veces lo malo. Y así lo muestra en su película Julie Delpy, en la que lanza una mirada nostálgica a unos momentos de la vida compartidos con sus seres queridos, a través de un flashback que ocupa casi la práctica totalidad del metraje.

Aunque sea más conocida por su rol de actriz, Delpy ha dirigido, escrito y protagonizado cuatro films, incluido El Skylab. Entre otras, protagonista de las arriesgadas y notables Antes del amanecer (1995) y Antes del atardecer (2004), dirigidas por Richard Linklater. Películas que debieron influirle especialmente porque de ellas toma como referencia su lenguaje. Si en su debut como directora y guionista Dos días en París (2007), tomaba como punto de partida una trama muy similar a la de estas dos películas para crear un contrapunto, cuestionando en clave de humor las relaciones amorosas, en El Skylab se hace visible la herencia del estilo narrativo de Linklater. La estructura de El Skylab se basa en el diálogo, en lo trivial, en una serie de situaciones comunes en cualquier encuentro familiar, que se suceden de forma tan natural que parece realmente improvisada. El metraje avanza casi sin motor, casi sin que parezca que avance la propia trama. Sin embargo, son muchos los temas que ágilmente se van poniendo sobre la mesa y son muchas las situaciones que reproducen de manera inteligente y reconocible. Los momentos de desencuentro entre familiares, la belleza de divertirse todos juntos, el retrato de la inocencia de la infancia, la comunicación entre tres generaciones distintas, etc.

Eso sí, en ocasiones Delpy connota demasiado su punto de vista en lo que a la unión familiar se refiere. Un ejemplo es la familia modelo que nos muestra en el tren, que abre y cierra la película. Los dos componentes de la pareja bien guapos, hablando perfectamente tanto inglés como francés, con dos encantadores niños pequeños, y por si no había quedado suficientemente claro, jugando los cuatro al juego de cartas de las familias. 

11 de agosto de 2012

Prometheus (2012), Ridley Scott


Allá por 1979, un crecido Ridley Scott que venía de ser premiado en Cannes por Los duelistas (1977) conseguía el reconocimiento mundial definitivo con su segunda película: Alien, el octavo pasajero. Una película imprescindible que, como su siguiente y genial film, Blade Runner (1982), marcó un antes y un después en el cine de ciencia ficción. Por ello, no es de extrañar que tras cuarenta años de carrera, Scott vuelva a firmar una película tan pretenciosa, como lo es Prometheus. Un producto seguro para los grandes estudios, que aferrados al negocio de las secuelas y precuelas han encontrado en ella una mina, ya que además está rodada en 3D. Una película destinada a ser uno de los éxitos del verano y de la que ya está en marcha una segunda parte.
Prometheus es la nave en la que viaja un grupo de científicos dispuestos a revelar el mayor enigma de la humanidad, el eterno quiénes somos y de dónde venimos. En la Tierra son descubiertas unas pinturas rupestres cuyos motivos coinciden con los de otras pinturas realizadas por diversas culturas ancestrales. Un motivo que los científicos descifran como una invitación extraterrestre. El desencadenante de que se envíe una expedición hacia un planeta lejano en busca del “creador” que desvele el origen de la humanidad. Por ello, aunque en principio la película es una especie de antesala de Alien, quizás la trama se acerque más a los problemas existenciales que ponía sobre la mesa Stanley Kubrick en 2001, una odisea en el espacio (1968), Solaris (1972) de Andrei Tarkovski. Sin embargo, Ridley Scott es fiel a su estilo y su película destila más acción y efectismos.
Porque Prometheus contiene la clave del éxito del mainstream de ciencia ficción.  Entretiene, sorprende visualmente y genera algunas situaciones desconcertantes planteando preguntas sin respuesta. Pero carece de la fuerza y originalidad del primer Scott. Fuera de su alcance visual y su elaborada puesta en escena, su guion es más bien flojo y su mensaje acaba siendo algo conservador, sobre todo en su atropellada parte final. Recurre demasiado a situaciones que ya nos son familiares, tomadas de otras películas de la saga Alien. Algunos personajes quedan mal presentados o poco referenciados, como es el caso del nimio personaje caracterizado por Charlize Theron, aunque las interpretaciones se mantengan a flote. En ese aspecto destaca nuevamente un Michael Fassbender metido a la perfección en la piel de un androide que acaba demostrando mayores inquietudes existenciales que los propios humanos.

3 de agosto de 2012

Carmina o revienta (2012), Paco León


Carmina Barrios es una mujer auténtica, de barrio, valiente y avispada. Una mujer de ideas claras capaz de darlo todo por cumplir sus propósitos y defender a su familia. Resulta que además es la madre del Paco León, aquel actor que se dio a conocer por algunas interpretaciones televisivas, como por ejemplo en la serie Aída
Carmina o revienta nos presenta a la familia León (incluida la recientemente laureada coprotagonista de La voz dormida, María León) de una de las formas más extravagantes posibles. Parte de algunos aspectos reales, del carácter de sus personajes y de su vida real, experiencias vividas por la familia con anterioridad, etc. Todo queda muy adulterado por una ficción que en ocasiones se aproxima en exceso a lo “freak”, pero que te deja con buen sabor de boca.
Lo más destacable de Carmina o revienta no es la calidad de su fotografía o la cuestionable efectividad de su guion, sino el revuelo que ha levantado su arriesgada y desafiante distribución y exhibición. En realidad, Paco León no es ni mucho menos el primero que se aventura a costearse una película barata y arriesgada, y estrenarla directamente en internet. Muchos otros lo han hecho anteriormente con mayor o menor éxito, explorando nuevos campos de producción, distribución y exhibición del cine. Sin embargo, León ha sido el primer cineasta español en estrenar simultáneamente su película en las salas de cine, Internet y copia digital de manera pasiva. O lo que es más importante, suscita mayor repercusión el hecho de que se trate de una persona con cierto nombre (tanto como para llegar a todos medios de comunicación en general), capaz de conseguir sobradamente una taquilla destacable. A lo que añadir el éxito adquirido por el veredicto del Festival de Cine Español de Málaga, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado, el del Público y el de Mejor Actriz. Por eso el sistema se ha sentido agredido, porque lo ha hecho alguien que probablemente no necesitaba ningún factor exterior a lo comúnmente establecido para recuperar o incluso multiplicar el dinero invertido en su película. Porque en estos tiempos que corren tan malos para la cultura, se ha cuestionado a gran escala la efectividad de la distribución del cine, proponiéndose nuevas vías a las que lamentablemente las viejas convenciones se oponen.
Sin embargo, resulta evidente que el séptimo arte está cambiado, y mucho. Lo cuál no resulta nada extraño. La historia del cine ha pasado innumerables momentos convulsos, como el paso del mudo al sonoro, el cambio a la tecnología del color, la creación de las multisalas, la desaparición de los pequeños cines o el paso a la tecnología digital, incluido el 3D. Llevamos años en clara transformación. Es momento de entender la exhibición del cine fuera de las salas (sin necesidad de que estas mueran definitivamente), utilizando las ventajas de los canales de consumo de masas, véase internet. Y Paco León, mediante una película en principio no apta para todos los públicos, se pone precisamente del lado de los que realmente permitimos que ese placer que es el cine exista: los espectadores.

31 de julio de 2012

Muere Chris Marker a los 91 años

El pasado domingo murió el único e inclasificable cineasta francés Chris Marker. El enigmático pensador, cineasta, escritor y todos los calificativos que se le puedan dar a tan creativa y original carrera, cuya verdadera identidad a penas conocíamos, puesto que para empezar se hacía conocer utilizando un pseudónimo. 

Como una premonición de su muerte, en los últimos meses habíamos escuchado hablar y mucho de su figura. La edición de un pack de DVD de Intermedio, el ciclo de la Cinemateca de Madrid o el número de la Caimán Cuadernos de Cine (antigua Cahiers du Cinema España), que analizaba su cine y su particularidad artística e intelectual. Quedan para la memoria obras maestras como La Jetée o Sans Soleil, cuya repercusión en la historia del cine es hoy innegable. 

28 de julio de 2012

El caballero oscuro: la leyenda renace (2012), Christopher Nolan


El estreno de El caballero oscuro: la leyenda renace (The Dark Knight rises) ha sido uno de los más esperados del año y desgraciadamente, el más accidentado. Es curioso como algunas personalidades norteamericanas han escrito en los medios de comunicación estos días cuestionando la violencia aparecida en el cine que consumen las masas. Algo que indudablemente influye en las actitudes de nuestros más jóvenes si no existe una normativa que lo regule con claridad, como ocurre en Estados Unidos. Sin embargo, algunas de estas opiniones no se han cuestionado el uso descontrolado de las armas de la población estadounidense, lo cual no es una buena forma de enfocar el problema. Así en el estreno en la pequeña localidad de Aurora (Denver, Colorado) de la última entrega de Batman, un joven descerebrado asesinó a 12 personas.
Dejando a parte la desgracia a la que se ha enfrentado de partida el estreno de la película, surge otro problema para esta nueva edición del hombre murciélago, y es que se espera mucho de ella. Resulta difícil juzgar una película cuyas precuelas alcanzan un nivel tan alto. Batman begins era una demostración de estilo, el viaje a los orígenes de uno de los superhéroes más exitosos de todos los tiempos, retratado en su vertiente más oscura. El caballero oscuro, una sinfonía, una película con todos y cada uno de los elementos necesarios, medida al milímetro, filmada con maestría. Probablemente, una de las mejores películas de acción de la última década. Pero su continuación, El caballero oscuro: la leyenda renace, no ha conseguido seguir sus pasos y en cierta medida, se queda a medias.
La última película de Nolan se hace larga. A la primera parte del metraje le falta algo de ritmo y se nos presenta un superhéroe en horas bajas, tan demacrado, que resulta inverosímil verlo de repente repartiendo mamporros como antaño. Sin embargo, el director de Memento (2000) se guarda lo mejor para un final apoteósico y sorprendente que engatusa por completo al espectador y le hace olvidar que ha estado sentado en la misma butaca durante bastante más de dos horas y media. El estilo visual de Nolan es espectacular, como lo es en general su puesta en escena.
Termina de este modo una trilogía que alcanzó por lo tanto su punto álgido en su segunda entrega. Sólo espero que los magnates del cine sepan contenerse y no empiecen, como viene siendo tendencia, a producir más y más secuelas que carezcan de sentido.

20 de julio de 2012

El dictador (2012), Larry Charles


El tándem Larry Charles y Sacha Baron Cohen ha dado mucho de qué hablar en los últimos años. Partiendo de su más que polémica Borat, que causó crispación en ciertos círculos de la Academia estadounidense, han realizado tres producciones en las que el británico Baron Cohen es protagonista y coguionista. Y su personalidad salta a la vista en cada una de ellas, como lo hizo en su notable interpretación en La invención de Hugo (Martin Scorsese,  2011).

Ambos han creado un estilo característico e incendiario, no sin tomar alguna que otra referencia de otros cineastas. En este caso, la mueca se hace visible desde el propio título de la película, a El gran dictador, una de las obras maestras del único e inigualable Charles Chaplin. Larry Charles y Baron Cohen van más allá y toman además en herencia el elemento del “doble” (por el desdoblamiento del personaje del dictador en ambas películas), la sátira creativa e incisiva e incluso algunos fragmentos de diálogo que pasadas las décadas podrían perfectamente adecuarse de una a otra película.

Quizás el planteamiento de El dictador sea menos inteligente y profundo que el de Chaplin, pero da rienda suelta a todo un repertorio de gags y situaciones de total desparrame y locura. Momentos en los que no se salva nadie, porque hay mamporros para todos. Como en Borat, se echa mano de las diferencias culturales entre el pueblo norteamericano y lo que le es ajeno, para cuestionar sus costumbres e ideologías. Así Sacha Cohen encarna a un dictador musulmán de un país del norte de África que viaja a Estados Unidos y es víctima de una conspiración que tiene como cometido la instauración de la democracia en su país. De esta forma consigue comparar cínicamente unas y otras culturas y algunas de las acciones que acometen. Tanto que en cada escena se busca el alboroto y una carcajada mayor, utilizando como arma principal la provocación.

Esta vez no existe ese formado difícil de encasillar, de ficción en clave documental que vimos en Borat. Se trata de un relato convencional donde hay espacio para la historia de amor, la evolución psicológica típica del personaje y un planteamiento de estructuración clásico en tres partes. Eso sí, hay espacio de sobra para la risa y la crítica.

13 de julio de 2012

La delicadeza (2011), David y Stèphane Foenkinos


Nathalie y François se conocieron en un café de París de una forma de lo más espontánea y mágica. Desde entonces, decidieron compartir sus vidas y fueron felices.

Así se abre La delizadeza y por unos minutos todo es demasiado perfecto. Demasiado platónico, demasiado poético. Hasta que la burbuja se rompe de la forma más trágica. Y entonces comienza verdaderamente la película que intenta de alguna manera, romper un tanto la norma, aunque ni mucho menos aporte nada nuevo. La delicadeza sigue de alguna manera el enfoque de cierto cine francés que se ha venido realizando en los últimos años. Se niega a seguir los cánones del melodrama, a hacer de una situación trágica, un martirio. Aborda la trama intercalando escenas de humor comedido y situaciones que desembocan ante todo en momentos de verdadero optimismo. Siguiendo una línea cercana a la reciente Declaración de guerra, de Valérie Donzelli, con la que comparte además el importante protagonismo de la banda sonora. Los distintos temas musicales de La delicadeza acompañan en todo momento a sus protagonistas enfatizando cada uno de sus gestos, de sus estados anímicos, de sus pasos. Lo cuál no es sino uno de los elementos que la acerca a los tipismos de ese cierto cine francés del que hablamos. Puesto que por otro lado, se producen algunos momentos que rozan la ingenuidad y la cursilería, a única falta de introducir alguna escena musical. 

Quizá como seña inevitable de alguien dedicado anteriormente a las letras como David Foenkinos (que aquí adapta su propia novela) en algún que otro instante el diálogo se vuelve redundante e innecesario con respecto a lo que reproduce el lenguaje visual. Por suerte, su película también sabe responder con chispazos de buen cine. Algo de lo que son principalmente responsables sus intérpretes. Audrey Tautou (Nathalie) responde con la capacidad que era de esperar y se echa la película a sus espaldas interpretando a un personaje cuyos rasgos le son familiares. Su carácter impulsivo, su aparente fragilidad e inocencia, su positividad, etc. Alguien que encuentra el contrapunto perfecto (o complemento, según se mire) en la figura de François Damiens, que encarna notablemente al desdichado y excéntrico Markus.

En definitiva, el amor es imperfecto y así lo exponen David y Stèphane Foenkinos. Puede ser de verdad muy raro, como también desafortunado o imprevisible. Pero  lo importante, y sobre todo, lo más difícil, es saber interpretarlo.

6 de julio de 2012

Hysteria (2011), Tanya Wexler

Resulta increíble que hasta 1952 se diagnosticara la histeria como una “enfermedad” que afectaba a las mujeres. Sus síntomas, cosas tan naturales como la desconformidad, los cambios de humor, los pensamientos impuros o el apetito sexual. Algo únicamente solucionado por un doctor que en la Inglaterra victoriana de finales del s. XIX, en plena epidemia de histeria, encontró la cura: el vibrador. 

La realizadora Tanya Wexler recurre a este curioso momento histórico para, tomando elementos de la historia real, crear una ficción en clave de comedia. Hysteria narra la aventura de este incansable doctor, célebre por tratar a las mujeres histéricas basándose en el “paroxismo uterino”. Sin ir más lejos, apaciguando los pensamientos “sombríos” del sexo opuesto utilizando sus propias manos.
Ante la incesante demanda que provocó su método revolucionario, el cansancio físico le y la pericia de su amigo inventor, le hicieron vislumbrar la idea de crear el primer patrón de vibrador eléctrico.
Sin embargo, temática a parte Hysteria entra en los cánones la típica comedia romántica. Se trata de un triángulo amoroso en el que participan dos mujeres, una de ellas clásica y contenida, la otra, incendiaria. Desde la primera escena en que aparece ésta última, se sabe a quién elegirá el apuesto caballero. Por lo que la trama se intuye de principio a fin, lo cual afortunadamente no impide que la película tenga ritmo y unas dosis de humor contagiosas.
Lo más destacable de Hysteria es que Wexler pone sobre la mesa muchos temas que por desgracia hoy siguen siendo tabú para algunos. Habla de la posición de la mujer en la Inglaterra del s. XIX y de la lucha por sus derechos. De la lucha de clases, de la modernidad o de la libertad de elección. Y podría parecer que no termine de tomarse en serio todo lo que plantea, pero lo cierto es que en la película desmonta a su manera la autoridad del hombre por completo. Mediante una comedia ligera, consigue la dosis exacta de crítica y burla hacia los planteamientos machistas que azotaron esa época y cuyos efectos por desgracia, todavía hoy siguen presentes en cierta medida.
Sin ir más lejos, Estados Unidos, ha catalogado Hysteria como no recomendada para menores de 18 años. Sin embargo, una película como Los juegos del hambre, donde un grupo de adolescentes se entrena para matarse entre sí, se gana el calificativo de no recomendada para menores de 13. O sea, que hasta cierta edad no puedes expresar tu sexualidad libremente, pero quizá si cargarte al vecino.

30 de junio de 2012

Las nieves del Kilimanjaro (2011), Robert Guédiguian


Aunque su título pueda confundir, Las nieves del Kilimanjaro no tiene nada que ver con la película dirigida en 1952 por Henry King, protagonizada por Gregory Peck y Ava Gardner. En este caso, el curtido realizador francés Robert Guédiguian no sigue la novela de Hemingway, sino que vuelve a su querida Marsella para hacer un retrato moral y político tomando como sutil referencia el relato de Víctor Hugo.

La película trata sobre la vida de Michel y Marie-Claire, un matrimonio que se construyó su vida desde abajo, luchando por sus derechos. Después de trabajar toda su vida y ser el líder del sindicato, Michel pierde su empleo tras la ola de despidos que azota a la empresa. A pesar de todo, sigue disfrutando de una posición acomodada y su vida parece tan feliz como siempre. Hasta que sufre una experiencia traumática, un hurto con violencia junto a su esposa y amigos. Algo que le lleva a él y a los suyos a plantearse preguntas morales e ideológicas, confrontándose de esta manera las opiniones de una generación y otra.  

Podríamos decir que Guédiguian es algo así como el Ken Loach francés por su compromiso y crítica social. Rasgos que nunca ha abandonado en toda su carrera, y que por supuesto recupera en Las nieves del Kilimanjaro, donde vemos de nuevo su compromiso político de izquierdas. Por otro lado, hay algo en su película que irradia cierto sentimiento de culpa. Una atmósfera de auto reflexión en la que parece que el director se retrate así mismo para intentar comprenderse y redimirse. Su generación luchó por conseguir lo que hoy tiene, convirtiéndose en la clase burguesa que un día criticó. Sin embargo, sus hijos no tienen la oportunidad de conseguir ese trabajo que les permita construir su futuro, y por momentos, la vida se torna para ellos (o mejor dicho, para todos nosotros) más difícil.
Se asienta así la base de una ficción muy real, de rabiosa actualidad, donde se establece un diálogo entre la moral de unos y otros. Pero aunque la película emana ese realismo, esa proximidad a la situación del momento, hay algo que la rompe en varias ocasiones. Los protagonistas (interpretados por los actores fetiche de Guédiguian, Ariane Ascaride y Jean-Pierre Darroussin) son demasiado perfectos, demasiado sensatos y tiernos, demasiado honrados. Tanto que en ocasiones su relación parece un cuento de hadas. De tal manera que durante la primera media hora de metraje, el azúcar nos sale por las orejas. No obstante, todo va volviendo a su cauce y el resultado final se acerca al mejor Guédiguian. Un cineasta cuya filmografía siempre es recomendable revisar.

22 de junio de 2012

Les Lyonnais (2011), Olivier Marchal


El hecho de que en los últimos meses hayan llegado a nuestras pantallas gran número de películas francesas destacables, sigue demostrando el buen estado del cine francés en contraposición a otros cines, como el español. Si el cine del país vecino goza de una ley mucho más favorable que la de cualquier otro estado y de una cuota de pantalla obligatoria que mantiene un gran número de sus producciones en cartelera, no es casualidad. Por ende, su distribución funciona muy bien, y eso se hace notar en nuestra cartelera. The artist, El Havre, Intocables, Un dios salvaje, Un gato en París,  Polisse, El ilusionista, Declaración de guerra, Las malas hierbas,  ¿Y si vivimos todos juntos?, Adiós a la reina, El arte de amar… algunas de ellas han compartido cartel con Les Lyonnais, un film que habiéndose estrenado hace aproximadamente un mes y medio, aguantó bastante tiempo en la cartelera tinerfeña teniendo en cuenta lo que suele ser común en este tipo de películas europeas. Su principal gancho, la temática. Cine de gánsteres.

Olivier Marchal, es un realizador atípico, cuya personalidad radica en el hecho de que perteneció a la policía judicial antes de dedicarse al cine. No es de extrañar entonces que sus películas hablen sobre la policía y las mafias. Hasta el punto en que ha llegando a realizar una serie televisiva de gran éxito en Francia. En el caso de su última película Les Lyonnais, basada en la novela autobiográfica del criminal Edmond Vidal, el punto de vista se sitúa en la piel del gángster. Un gángster de etnia gitana que se hizo famoso en la Francia de los setenta por realizar robos escandalosos con su banda apodada “Les Lyonnais”. 

Haciendo buen uso de los mecanismos del género, Marchal construye una película narrada a través de flashbacks que nos cuentan como se formó la leyenda del gángster. Siempre dedicando especial atención a la acción del presente, en la que un Vidal cincuentón (interpretado por un enorme Gérard Lanvin) debe enfrentarse a los fantasmas de su pasado.
Si algo puede reprochársele a Les Lyonnais es que prima (sobre todo en los momentos cruciales) el efectismo del cine ante la reafirmación de la veracidad. Ensalza ciertos momentos y ciertas acciones haciéndolas propias de la espectacularidad, en definitiva, de la ficción cercana al mito. Si por el contrario, las hubiera acercado a la frialdad del documento, hubiera conseguido un efecto mucho más desgarrador y realista.