26 de febrero de 2008

Un poema musical: "Latcho Drom" (1992). El cine de Tony Gatlif: vivencias cíngaras (V)

El concepto de música como elemento que acompaña, caracteriza e identifica a un pueblo, es algo que en Latcho drom se revasa por completo. La música se convierte en la voz del mensaje que el cineasta nos quiere hacer llegar.
Esta película narra por primera vez en la historia del cine, la evolución histórica de la migración de los pueblos romá. Un testimonio de su exilio constante. Para ello la cámara –y con ella, el espectador-, realiza un viaje a través de India, Egipto, Turquía, Rumania, Hungría, Eslovaquia, Francia y España, repasando las distintas vertientes musicales e instrumentaciones de los pueblos cíngaros que hoy habitan en dichos países.
Se trata de exponer en el celuloide lo más puro que reside en el interior de estos pueblos: su canto, su danza y su música. A través de sus distintos cantos y apoyándose en una bellísima fotografía, Gatlif articula lo que él mismo denomina un himno gitano.
De este modo, el film carece en su totalidad de diálogos. Es la música de los gitanos, la que habla, la que narra su propia historia respaldada por el recorrido geográfico de la cámara. Por ello, el conjunto, supone una reflexión sobre las propiedades narrativas de la música.
No obstante, Gatlif no pierde su sentido crítico. El contenido de la música abarca todo tipo de temáticas. Comenzando con el amor cortés indio, desemboca en la crítica política de la mano de la canción rumana contra el régimen de Ceaucescu, la húngara que evoca los campos de Auschwitz y la flamenca que denuncia de la intolerancia que sufre el pueblo gitano.
El resultado es un film simple y muy bien organizado, donde no hay forma de dilucidar algún género cinematográfico. Al igual que en Sevillanas y Flamenco de Saura, en el film una interpretación musical precede a otra sin ningún tipo de explicación, simplemente de forma expositiva a modo de imagen documental. No obstante, es todo lo contrario, pues al fin y al cabo, los músicos lo único que hacen es actuar. Ha sido articulada una puesta en escena detallada para desarrollar la acción, y más todavía en el caso de Gatlif -que busca distintos espacios a lo largo de su viaje- que en el de Saura, que al fin y al cabo, utiliza en todo momento el mismo plató con pequeñas variantes.
Algo parecido experimenta -con distinto cometido- Llorenç Soler en Lola vende cá. En este caso, la preocupación no es musical, sino social. El discurso narrativo entrelaza ficción y documental, de tal manera que el espectador asiste a una especie de “rodaje de una historia real”. En él aparecen la protagonista verdadera, la actriz bajo el papel de dicha protagonista y por último la actriz como ella misma, exponiendo sus opiniones sin interpretar a su personaje. Una de las escenas del film nos sirve como definitoria de su totalidad: La pareja de protagonistas corren por la calle escapando del impedimento, por parte de sus padres, de consagrar su amor. Primeramente observamos el plano desde cámara subjetiva que lanza el cuadro desde la casa de la que acaban de salir. Acto seguido la cámara pasa a ser subjetiva bajo el punto de vista de los amantes. Finalmente, un plano general nos muestra a éstos corriendo mientras son filmados por el cámara.
Por lo tanto, desembocan aquí diversos puntos de vista, de tal modo que no sólo el espectador toma cartas en el asunto, sino también el propio cine. Al igual que en Latcho drom, se mezclan ficción y realidad documental, con la diferencia que Soler los alterna y Gatlif los fusiona.
Es por ello, que la crítica llegó a denominar al film del realizador argelino como el más verdadero de ese año, en que se llevó el Un certain regard de Cannes.

22 de febrero de 2008

Resonancias (V)

Alatriste (2006), Agustín Díaz-Yanes

Retrato de Quevedo (1631-35),
Diego Velázquez

18 de febrero de 2008

Resonancias (IV)

El loco del pelo rojo (1956), de Vicente Minelli

14 de febrero de 2008

Incombustible Manoel de Oliveira

Pensando en grandes cineastas que trabajaron hasta edades desorbitadas, tanto como su salud les permitió, los ejemplos nos saldrían a pares. El cineasta, como el cinéfilo vive y se desvive hasta el último suspiro por una única cosa: el cine. Grandes cineastas, para grandes películas póstumas. Bergman rodó Saraband con 75, Buñuel Ese oscuro objeto de deseo con 77, Kurosawa llegó a Madadayo con 83 y Resnais está rodando Les Herbes folles entrando en el club de los nonagenarios, y Oliveira, cerca de alcanzar el centenar, en los últimos 10 años, ha dirigido 11 películas. Es un caso aparte.
A sus 99 años, el director portugués sigue dirigiendo cine no sólo con buen criterio, sino a un ritmo pasmoso. Tras su recientemente estrenado en España homenaje a Buñuel, Belle Tojours, se apura en presentar Cristóvao Colombo-O enigma. Y ya tiene en mente dos nuevos proyectos, la adaptación de un cuento del escritor portugués Eça de Queirós y un film colectivo.
Manoel de Oliveira, una de las cimas del cine europeo.

11 de febrero de 2008

Resonancias (III)

Alatriste (2006), de Agustín Díaz Yanes

La rendición de Breda, de Diego Velázquez, 1635

10 de febrero de 2008

La vida en un bucle

Cuando Billy Wilder rodó El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950) en realidad estaba rodando la realidad de Hollywood. Estaba retratando la decadencia de las estrellas del cine mudo, cuyas facultades, incapaces de adaptarse a las exigencias del sonoro habían quedado obsoletas. Su rostro ya arrugado, había pasado de moda.
Una cruda realidad, la de Hollywood. “Rejuvenecerse” o morir. La protagonista del film de Wilder necesitaba rejuvenecerse para tener alguna posibilidad de éxito. Sin embargo y tristemente, por poner un ejemplo hoy Stallone sabe que con mantener su físico, tiene el éxito asegurado. Pero esto a veces también juega malas pasadas, porque la dermoestética hay cosas que no puede ocultar. Generación tras generación, una facción del Star System hollywodiense apura sus bazas. Solo es necesario comprobar el lifting de James Woods para la teleserie Shark, la cara deforme de Micky Rourke o de Stallone en sus últimas entregas de Rocky y Rambo, o al Harrison Ford que vamos a ver dando saltos con su látigo y la silla de ruedas. Por no entrar claro, en otros casos del hollywood profundo y del telefilme a media tarde.
Con el paso de los años, el rostro de Hollywood no ha cambiado tanto. Al fin y al cabo, ahí siguen los estereotipos, “rejuvenecerse” o morir. El Star System tiene sus exigencias. Siempre la misma historia que contar. Distintas versiones contadas hasta la saciedad por un mismo rostro, hasta que éste explote.
Menos mal que quedan rostros viejos y arrugados, experimentados y expresivos. Con cuerpos flácidos y mentes reflexivas, sin ganas de pelea y mucho que decir.

Resonancias (II)

Santa Teresa (2006), de Ray Loriga



Cristo yacente (1490), de Andrea Mantegna

Resonancias (I)


La joven de la perla (1665-66) de Vermeer y La joven de la perla (2005) de Peter Weber.


Al igual que la pintura ha buscado representar algunos de los cometidos del cine, como la fragmentación del plano o -y sobre todo- el movimiento, el cine, se hace servir -y mucho- de la pintura. Aunque las verdaderas relaciones entre cine y pintura son subterráneas, no podemos olvidar que entre ambas disciplinas existen lugares comunes en cuanto a ciertos modos de composición del cuadro, de perspectiva, de dominantes cromáticos, etc. En definitiva en lo que a sus modos de representación se refiere. En algunos casos, el cineasta recurre a la pintura imitándola a modo de tableau vivant. Los elementos ficticios de un cuadro son reproducidos por el cineasta con unas figuras y unos objetos o paisajes, reales, de tal manera que la obra pictórica parece tomar vida. Entonces, el cineasta filma, plasma su mirada, dotando a esos personajes de la misma mágia que los dotó la pintura. Esa es la verdadera fuerza de una imagen, que perdura a través de los siglos de una disciplina a otra.

4 de febrero de 2008

Premios Goya 2008 (2ª parte)

El triunfo del cine

En efecto, …y los idealistas rieron anoche. Uno podría decir que, cuando hace las quinielas apuesta por los/as nominados/as que le gustaría que ganasen, considerando que son merecedores/as. Se diría que no era una quiniela con demasiado futuro, pero contra todo pronóstico, La soledad ha conseguido el pleno. La Academia, tradicionalmente conservadora, ha hecho este año una apuesta por la investigación de nuevos lenguajes cinematográficos y la frescura de un cine arriesgado y renovador. Anoche La soledad se llevaba las tres estatuillas correspondientes a sus tres nominaciones. Mejor actor de reparto, Mejor director y Mejor película no es moco de pavo. Algo muy importante si pensamos que se le ha dado impulso a un tipo de cine -refiriéndonos a una de las dos tendencias de las que hablábamos en el otro artículo de los Goya- poco reputado en nuestro país. Después de anoche es evidente que ésta película mejorará –y mucho- sus números. Pero no sólo eso, se ha dado otro pequeño pasito en la educación para ver cine. Cuanto más se promuevan este tipo de películas, más se acostumbrarán los espectadores a realizar su lectura.

2 de febrero de 2008

Los crímenes de Oxford (2007), Álex de la Iglesia


Matemática impersonal


Si su primer tonteo fuera de España -Perdita Durango- fue considerado por muchos un tanto exageradamente como una inflexión en su carrera, con mayor razón se le criticará por su segunda “salida” -Los crímenes de Oxford-.

Contrariamente a lo que viene siendo de una filmografía con grandes títulos de uno de nuestros mejores directores de la generación de los 90, Álex de la Iglesia evita dotar al film de su sello de autor. Tal vez porque sus últimas películas acusaban cierta tendencia a la copia y repetición de su propio estilo, lo cuál no tiene por qué ser malo –miren a Woody Allen-. Pero es bueno hasta cierto punto, pues resulta muy difícil mantener el listón alto.
Aunque en Los crímenes de Oxford continúan apareciendo algunos detalles camuflados, deudores de su cine en estado puro, tan sólo son pequeñas referencias que se agradecen. Porque en esta película de la que resulta difícil reconocer a su autor hay dos problemas fundamentales. El primero y básico, las lagunas que conforman el guión adaptado, una historia plagada de elementos poco creíbles. El segundo, que entre los protagonistas, por mucha sensualidad de la que se quiera dotar a algunas de sus escenas, no existe química alguna. Una lástima que consiguiendo un cambio de registro, el resultado sea demasiado frío e impersonal.

Premios Goya 2008

Digamos que nuestro anclado cine resulta definirse cada vez de forma más clara entre dos tendencias distintas. La primera no lejos del costumbrismo televisivo y algún afán de gran producción, se mueve en los medios y las salas. La segunda, fresca, creativa, nueva; corre fuera del circuito comercial, acaparando sin embargo nuestra representación en los festivales, reconocimiento que no encuentra en sala siendo desconocida por el gran público e incluso público medio español. Que abarquen tal reconocimiento en el extranjero las obras de Guerín, Portavella, Aguilera, Rebollo, Rosales, Aguilar o Serra entre otros y se desconozcan en nuestro país, resulta cuanto menos inconcebible. Y esto, queda claro por -ejemplo- cuando nuestra Academia realiza sus pertinentes nominaciones y premios cada año.
¿Qué sorpresas nos deparará pues este año la gala de los Goya? Ojalá que vayan más allá de las deparadas en la pasada edición, donde lo más inesperado y que más dio que hablar fue la gala de Corbacho.
El orfanato y Las 13 rosas son las favoritas y casi a buen seguro serán las triunfadoras –más en el caso de la primera, confiando que no sea así en el de la segunda- tras acaparar 14 nominaciones cada una. El orfanato, gran decepción tras no ser nominada en los Oscar teniendo en cuenta que es una producción realizada al uso, no deja de ofrecer algunos elementos destacables. Sin embargo, su formato convencional, previsible –aún teniendo en cuenta sus características de género- la configuran como una cinta básicamente orientada al entretenimiento de las masas. Los otros, en éste aspecto, consiguió mayores triunfos. Menos –claro- que la siguiente película de su director, Mar adentro, acaparadora de 14 Goyas. Que un telefilme cuya única suerte fue apoyarse en los mejores intérpretes de nuestro país –empezando evidentemente por el gran Javier Bardem- fuera capaz de conseguir tal empresa, puede hacernos pensar en lo peor al pensar en Las 13 rosas. Aunque algunos idealistas, con nuestra siempre presente ingenuidad, confiemos que no sea así. Ojalá que una apuesta tan fresca como La soledad recoja sus frutos. Mañana veremos.

3 de noviembre de 2007

Un couple parfait (2005), Nobuhiro Suwa

La obra de Nobuhiro Suwa delata desde el principio las influencias de un cineasta que se mueve entre Japón y Europa. Heredero de los aspectos formales de la Nouvelle Vague, no abandona sin embargo la cotidianidad y los planos sostenidos de sus antepasados japoneses, véase Ozu. Pero además Un couple parfait es una clase maestra sobre cómo abordar una ficción en clave documental. El guión no se construye previamente, surge de la relación y trabajo de y con los actores. La cámara no busca artificios, se mueve con un claro afán de mostrar la realidad, de representar ni más ni menos el posible punto de vista de un tercer espectador que asista a las escenas que vive la pareja –en declive- protagonista. Y si por lo tanto, el tema central es justamente el amoroso, retoma de un modo personal ese tema tan abordado en el cine moderno europeo. Además, el film parece ser heredero -véase la escena de la protagonista en el museo- del Viaggio en Italia de Rossellini.
Durante el visionado de la película, el espectador es totalmente capaz de contar los cambios de plano. Suwa coloca la cámara y deja que la acción se despliegue ante ella. De tal manera que no deja de crear en todo momento largos planos generales fijos, a modo de -como apuntábamos- Ozu, entre otros. Captando así la magia de lo cotidiano, ese ir y venir de los personajes y de su propio diálogo, de tal forma que éstos entran y salen de cuadro con toda libertad; o simplemente dejándose esconder en la oscuridad, despertando en el espectador su afán por involucrarse, por conocer la expresión de los rostros, por ser partícipe del propio film. Pero Suwa no utiliza únicamente este tipo de plano, y éste es otro elemento a destacar. Se elimina absolutamente el plano-contraplano y podríamos decir que prácticamente el plano medio. Continúa las exploraciones de Bergman sobre la expresión del rostro. Tan solo se abandonan los planos generales para mostrar primerísimos planos. Así el personaje mira de frente a cámara, desbordando sus sentimientos, representando la tortura, la descomposición de su rostro, como ocurría en Persona.
Un couple parfait es sin duda un film a destacar por su experimentalismo; por la relación que en él establecen de un modo tan natural documental y ficción; por la forma de desmembrar las discusiones y el absurdo de la monotonía que hunde a una pareja; por sus resonancias y herencias estilísticas.

15 de octubre de 2007

La mirada crítica de José Miguel García Cortés al frente del EACC

En la era de la construcción masiva, la proliferación de museos de arte contemporáneo se ha convertido en un referente de caché para las ciudades. Museos que deben tener todas las capitales o ciudades cuyo número de habitantes ronde o supere las doscientas mil personas. Algo que llena de esperanzas a todos los que creemos en los diálogos que puede establecer el arte desde sus instituciones, si bien se realiza una gestión y organización adecuada. Por el contrario, se suele repetir el gesto de tirar la piedra y esconder la mano. Dicho de otro modo, levantar el edificio olvidándose de lo que debe haber dentro. Por ello, en torno al hecho de crear un museo se produce el efecto circular de preocupación-despreocupación. Interés por crear una institución según necesidades populares y de prestigio. Despreocupación que provoca una administración rácana y descuido por la cultura. Y es que, como diría José Miguel García Cortés, el problema de un museo no es la piel que lo recubre, sino el contenido que le da vida.

El Espai d’Art Contemporani de Castelló (EACC) nacía en Junio de 1999 fruto del proyecto Castelló Cultural de la Consellería de Cultura, que ofreció la dirección a José Miguel García Cortés. Una persona con unos ideales claros, cuyo primer problema era conseguir contactar con una población no habituada a las posibilidades y el dispositivo crítico del arte contemporáneo y las iniciativas poco convencionales que Cortés pretendía llevar a cabo. La dirección del museo se decantó por propuestas expositivas interdisciplinares que aspiraran a convertir el EACC en un foro de cultura contemporánea que superara las formas de ver y entender la obra artística. Y lo consiguió. En pocos meses el EACC atravesó las fronteras de la Comunitat Valenciana llegando incluso al ámbito internacional, convirtiéndose en un referente nacional.

Desde la primera exposición, Jeff Wall, Pepe Espaliú: tiempo suspendido –que supuso la primera llegada a España de Wall- hasta la trilogía Micropolíticas: Arte y cotidianidad, que cerró la etapa Cortés, pasando -entre muchas otras- por Zona F, A sangre y fuego, Héroes caídos o Contra la arquitectura: la urgencia de re-pensar la ciudad, el propósito siempre fue innovador y dialogante. “Me gustaría que el EACC se convirtiera en un microcosmos, como lo que representan las ciudades, y que ayudara a crear procesos de hibridación. Buscar un constante proceso de renovación, por contacto con el fuerte consumismo de nuestros días”, comentaba Cortés en una entrevista. Por ello el propósito del EACC fue establecer redes de diálogo con el entorno, un dispositivo crítico donde debatir la situación y el porvenir de la sociedad en la que nos desenvolvemos y el papel que en ella el arte puede jugar.

Exposiciones, talleres, ciclos de cine, conferencias, publicaciones y conciertos que llevaron al centro de cultura contemporánea de Castellón a participar del debate artístico a nivel internacional. Consiguiendo en poco tiempo, reunir en una de las ciudades más pequeñas del país -con un centro de dichas características-, a algunos de los artistas, críticos y especialistas más destacados de la esfera internacional.

La trilogía Micropolíticas funcionó como colofón que demostraba que es posible llevar a cabo el tipo de iniciativas de las que venimos haciendo gala. Ese tipo de institución con carácter, fuera de los convencionalismos orientados al comercio del arte y menos al debate –los cuales abundan en España-. Con un proyecto absolutamente interesante, debatiendo sobre los acontecimientos de relevancia que han marcado al mundo en los últimos treinta años y una publicación digna de un gran centro internacional, Cortés dejaba el EACC contento por haber conseguido sus propósitos. Cinco años que fueron el reflejo de una revisión crítica del arte en su presencia social, política y antropológica.

Hoy el EACC sigue siendo un referente para los castellonenses que estamos interesados en la cultura y en los debates que puede establecer el arte. Necesitamos que el material artístico rompa las barreras del museo y se esparza por nuestras calles, cuestionando todo lo cuestionable, poniendo en evidencia las verdades que algunos esconden, haciendo que reflexionemos sobre todo aquello que nos rodea. Porque el arte es algo más que pura mercancía.

4 de octubre de 2007

La anguila (1997), Shohei Imamura

Iniciado como ayudante de dirección de Yasujiro Ozu, el último de los grandes maestros japoneses nos abandonó hace tan sólo un año dejando para la prosperidad grandes títulos como la indispensable La balada de Narayama o La anguila, ganadoras de la Palma de Oro en Cannes en 1983 y 1997 respectivamente.
Ambas son un ejemplo de ese cine que incita a la reflexión moral, sobre el valor de las conductas humanas, sobre lo equívoco en la aplicación de los poderes del sistema.
Con las dotes de humanista y antropólogo que le acompañan durante toda su carrera, Imamura se esfuerza en iniciar un diálogo en torno a las atrocidades que pueden llegar a cometerse en una comunidad cuestionando la validez de los métodos que ésta aplica. En La anguila el protagonista es encarcelado por asesinar a su mujer. Él mismo se entregó a la policía tras haber cometido el crimen por celos y, decidido a pagar por ello. Él mismo reconoce durante la libertad condicional que no ha cambiado en nada. Es consciente de la barbarie que ha cometido porque en el momento de cometerla ya lo era. Sabe que jamás podría hacer algo así, pero no gracias a la solución aportada por el sistema. Los años de cárcel tan sólo le han servido para aislarse y comunicarse únicamente con su mascota: una anguila, a quien habla y dedica sus escuetas sonrisas. Error del sistema que confirma el compañero de cárcel del protagonista, ahora libre. Un hombre que bajo ningún concepto quiere seguir las normas sociales y que busca, con sus agresiones, intentos de violación, etc, volver a la cárcel, donde solamente ha conseguido acumular odio.
Éste, un tema central en el film, pero ante el cual circulan otros muchos. Tantos como la reinserción –fallida- de los presos a la sociedad; la lucha encarnizada del capitalista que trata de enriquecerse a toda costa; la valía de la moralidad social; etc. Todo envuelto por unos toques de surrealismo –en lo referente a lo que el protagonista imagina- y bella cotidianeidad vivida por unos personajes de lo más entrañables. Sin olvidar ciertas pinceladas como las que hubiera dado –y da- Kim Ki-Duk, de magia redentora en un ambiente tranquilo y natural, alejado de los humos de la ciudad. Cada personaje vive, al final, para pagar sus errores.

22 de septiembre de 2007

En la ciudad de Sylvia (2007), José Luis Guerín.

En su día Godard definió el séptimo arte desvelando la evidencia de que el cine son veinticuatro fotogramas por segundo. Si hoy nosotros tuviéramos que definir el cine en manos de Guerín, podríamos decir que además de eso, el cine es poesía.
En la ciudad de Sylvia nos presenta a un personaje que nos es desconocido, porque nada se nos desvela sobre su vida. Es un personaje anónimo. Desconocemos su psicología, su oficio, su carácter. Solo entendemos que es un extranjero que invierte su tiempo contemplando a las mujeres, reinventando su rostro, intentando reconstruir el rostro de la mujer que le obsesiona, que persigue. Una mujer, Sylvia, que ni siquiera sabemos si existe. Un protagonista viajero que toma nota de aquello que reclama la atención ante sus ojos, evocando los modos de Stendhal o Baudelaire. Aún siendo más soñador y apasionado. Un personaje que representa la parábola del artista romántico. El apasionado que busca su ideal de belleza. El pintor de primaveras que no consigue dibujar a su musa. Que esboza una y otra vez su rostro de forma desesperada, comprendiendo que no puede poseer su belleza. Que recorre las calles de una ciudad desconocida persiguiendo una silueta que poco a poco se difumina.
Guerín rinde homenaje a su admirado cine mudo. Al peso del gesto, del rostro, que viene a ser en definitiva, la esencia del cine. Creando un largometraje carente de diálogos, donde habla la ciudad y no sus protagonistas, y lo hace utilizando infinidad de lenguas. Un rostro que habla sin decir nada. Al que exprime evocando, de una forma más sosegada, la importancia que los rostros tenían en Bergman.
El filme más calculado de José Luis Guerin, donde cada plano está repleto de detalles; en cada cuadro, hay una pintura. Donde se citan los textos de Petrarca. Donde se reflexiona entre otras muchas cosas, sobre el valor instintivo y primordial del cine, el del voyeur. El cineasta que persigue a su musa, que capta aquellos recodos de la ciudad que nos quisiera mostrar. Que como el protagonista, mira a su alrededor analizando todo lo que ve, tomando nota. Para enseñárnoslo, para reinventarlo, para contar su historia.

Stalker (1979), Andrei Tarkovski

el cine como reflexión filosófica

Partiendo del relato Partida de recreo en el campo de los hermanos Arcadi y Boris Strugatsiki, Stalker narra la historia de un viaje de ida y vuelta realizado por tres personas: el guía -Stalker- , el escritor y el profesor. Su meta es llegar a la Zona, un lugar repleto tanto de trampas como de sortilegios, donde según dicen, hay una habitación sagrada donde los hombres pueden ver satisfechos sus deseos más íntimos. Pero éste viaje físico llevará a los protagonistas a realizar otro viaje paralelo al interior de sus almas, donde lucharán con ellos mismos. Un viaje interior que el realizador ruso no expone en vano, sino reivindicando el carácter filosófico del film, que pretende, tomando la ciencia ficción como motivo de partida, realizar una reflexión sobre la vida misma y la situación espiritual de los seres humanos en ella. Para ello Tarkovski intenta “prescindir de manierismos, buscando una representación simple, carente de artificios, donde no se produzcan saltos temporales y el plano marque el transcurso del tiempo, de tal forma que el montaje sólo indique la continuación de los hechos” (1).
Así trata de dar la impresión de que la historia se narra en un solo plano, respetando el curso real de ésta. Por ello en el film se recurre con frecuencia a los planos secuencia y planos largos de carácter contemplativo, de tal longitud que con 141 planos se cubren los 161 minutos del montaje definitivo. El objetivo, representar la naturaleza poética del cine.

Stalker pretende “animar a la reflexión sobre los valores humanos y eternos que residen en el ser humano, ya que el hombre los ignora frecuentemente prefiriendo ir a la caza de ídolos engañosos. Sin embargo es su capacidad de amar lo que puede dar sentido a su existencia”. (2) Para Tarkovski -y tal como vemos en el film-, las crisis interiores de los individuos no son sino referencias de seguir el buen camino, pues en ellas se busca reencontrarse con el propio yo. Aquel que entra en un estado así es aquel que se plantea problemas espirituales que pueden llevarlo a comprender y asumir la función de uno mismo en cada una de sus acciones, respetando y comprendiendo los verdaderos y más hondos valores de la vida.

Los tres protagonistas de Stalker sufren una crisis existencial que no saben resolver. El escritor es un hombre que ha perdido la inspiración y la fe en su trabajo, harto de un mundo lleno de reglas y dogmas que, valga la redundancia, acaban despersonalizando a las personas. Intenta mantener su fe en el arte, pero la sociedad lo arrastra a frustrarse en su intento. Un ejemplo de la contrariedad que siente consigo mismo durante el viaje, es este pasaje: “Mi conciencia es vegetariana; quiere conquistar el mundo. Y mi subconsciente anhela un trozo de carne jugosa. Pero, ¿qué quiero yo?".
De un modo parecido, el profesor ansía encontrar alguna cosa en la vida que carezca de explicación científica. En caso de encontrar un lugar donde se hagan realidad los sueños de las personas, siente el deber de destruirlo para que no recurran a él personas desalmadas cuyos propósitos puedan acabar con el mundo.

Ambos sufren al no encontrar la felicidad. Viven una vida tortuosa donde la función que realizan cotidianamente ha perdido todo su sentido. En sus adentros encuentran demasiadas cosas por resolver y se sienten perdidos. Por ello, el viaje supone para ellos una lucha interior en busca de respuestas que sólo residen en sí mismos. Esto provoca que en el momento final del viaje, cuando se encuentran ante el umbral de la habitación, reflexionen sobre la historia que anteriormente les contó Stalker. Dikoobras, un antiguo Stalker, entró en la habitación sagrada con la intención de resucitar a su hermano muerto. A su salida se volvió extremadamente rico. En ese momento se dio cuenta de que el deseo más sincero que escondía en su interior no era resucitar a su hermano, realmente no era su razón de ser; sino que sólo quería convencerse de ello. Cegado por esta contradicción espiritual, Dikoobras no pudo soportar reconocerse como un ser avaricioso y codicioso y se ahorcó. Es por esto que en el momento de decidirse a entrar en la habitación, todos sienten miedo, porque sienten que les puede ocurrir lo mismo que a Dikoobras. Son conscientes de que a pesar de haber superado las trampas del camino, sus almas aún encierran elementos oscuros.

Este es el momento en que Stalker sufre el duro golpe de reconocerse como fracasado. Comienza marcadamente su dilema existencial. Por ver que el escritor siente vergüenza de explicar cuales son las cosas horribles que ha realizado en su vida y miedo de ver reconocidas sus pulsiones impuras. Por ver que el profesor se propone hacer estallar la habitación en pos de evitar posibles males mayores a la humanidad.
Stalker es un hombre que vive por y para la Zona, un idealista que lucha por mantener los valores espirituales. Un hombre capaz de abandonar a su familia por seguir su función en la vida, lo cual provoca, fruto de las radiaciones, que su hija sufra mutaciones. No es extraño que ante la reacción de sus acompañantes, se derrumbe. Ve como poco a poco se despedaza su vida, entregada a ayudar a los desventurados a reencontrarse con la fe. Se siente fuertemente frustrado al darse cuenta que ya nadie lo necesita. Toda la humanidad ha olvidado la importancia de creer en algo.

No obstante, Tarkovski trata de poner el contrapunto a las conclusiones de sus personajes. Aparece entonces la figura de la mujer del Stalker, quien da una lección espiritual a los viajeros. Sentada, dirigiéndose a la cámara fumando un cigarrillo, parece dirigirse tanto al espectador como a los viajantes que pudieran permanecer en escena fuera de campo. Es el momento en que cuenta su historia, y con ello, su verdad. Su madre le decía que un Stalker siempre sería un prisionero, que era mejor separarse de él. Pero ella luchó por su marido y por su vida. “He aceptado mi destino y por eso no envidio a nadie. Sin adversidades no podríamos ser mejores. Sin esto no existiría la felicidad. Es mejor una felicidad amarga que una vida gris”. Por lo tanto, la mujer es quien abre una vía reflexiva que intenta salir de las penumbras en las que se han sumergido los tres hombres durante y tras su viaje. Una vía abierta que se personifica en la figura de la hija con ciertos poderes paranormales. Una niña que en ningún momento participa del diálogo, aunque aporta un giro en la reflexión realizada en el film que no podrían explicar ni mil palabras. En el último plano, la niña, postrada sobre la mesa, consigue mover unos vasos con la mente mientras escuchamos el Himno de la alegría. Se produce el momento revelador, de nueva creencia en la humanidad. El avance de un cambio generacional que tal vez crea de nuevo en los verdaderos valores de la vida.

la expresión del color

Tarkovski decide enfatizar todavía más estas relaciones emocionales que sienten los protagonistas y que son conducidas por la figura del Stalker. Mediante la alternancia del uso del color y los tonos sepia potencia la expresión de la duda existencial, remarca dentro del discurso los estados en que se mantiene la esperanza y la fe y en los que el mundo es una trampa ante la cual toda la humanidad ha sucumbido. De este modo se asocia la creencia con los colores vivos, utilizando los tonos sepia para representar la desventura. El film se abre en color sepia hasta la llegada a la Zona, donde hay un cambio a color. Lo mismo ocurre con los valores invertidos, en la salida de la Zona. No obstante, dentro de ella hay dos momentos en que no se cumple esta regla. El primero, en un momento de ensoñación de los personajes, la imagen se torna sepia como representación de la lucha que mantienen con sus propios miedos -momento en que aparece el perro-. El segundo, en un plano secuencia de grandísima belleza, en que los tres viajeros se encuentran sentados en el agua, derrotados. La cámara se aleja de ellos con gran lentitud para conseguir un gran angular. La luz cambia paulatinamente pasando a convertir los colores en sepia, para al poco iniciar de nuevo el cambio cromático hacia los tonos verdosos y azulados. Sin embargo, en las últimas escenas del film -donde la imagen es color sepia, al transcurrir fuera de la Zona- se produce el efecto contrario. El color acompaña las dos escenas que protagoniza la hija de Stalker, simbolizando en medio de ese “mundo perdido”, el último halo de esperanza.

la Zona o las pruebas de la vida

La Zona es un lugar donde según las declaraciones del Profesor Wallace se produjo una brutal explosión veinte años atrás arrasando una extensión de un kilómetro cuadrado. (3) Las autoridades declararon que el causante fue un gran meteorito que expandió sus radiaciones por todo el lugar. Por ello, acordonaron el terreno y mandaron al ejército a investigar. Pero los soldados nunca volvieron. Esto sembró el pánico y se prohibió la entrada a la Zona, ahora acordonada por la policía. En los alrededores comenzaron a surgir historias fantásticas y leyendas entre las que se barajaba la idea de que en su interior había una habitación mágica donde los deseos se cumplían. Pero sólo los Stalkers conocían los secretos del camino hasta ella, al parecer lleno de trampas. Así fue como las personas que habían perdido la esperanza buscaban la ayuda de un Stalker (4) para realizar el camino hacia dicha habitación sagrada.

Topográficamente la Zona es un terreno pantanoso atravesado por un río donde se mantienen las ruinas de algunos edificios y los restos de los tanques del ejército. Un vasto terreno verdoso donde reinan el agua y la vegetación, entre los cuales se esconde una cámara subterránea que lleva a la habitación sagrada. Además es un lugar prohibido, donde no entra nadie, fuera de la dominación del “gran ojo” que todo lo ve. Por ello y a su vez, la entrada en ella supone para Stalker una liberación. En cuanto llegan a la Zona, Stalker se separa de sus acompañantes para encontrarse a solas con ella. Tumbado en el suelo, se retoza en la hierba expresando alivio, como quien vuelve a casa tras largo periodo de ausencia. No obstante, es consciente de los peligros que encierra el lugar. En él deben ir trazando el camino como quien mueve figura en un juego de mesa. No son pocos los peligros que los acechan hasta llegar a la habitación sagrada. No se puede avanzar en línea recta ni volver atrás. Cada paso es una prueba que hay que superar. Por ello, en un momento en que el escritor zarandea la rama de un pequeño árbol, Stalker le grita: “no lo toque, éste no es un lugar para paseos ociosos. La zona quiere que se le respete, si no lo hacemos nos castigará”. Entonces, se plantea la gran pregunta, ¿qué representa la zona? ¿cuál es el simbolismo que encierra? Tarkovski responde que no se le debe atribuir simbología alguna. La Zona es la vida misma. Un camino lleno de pruebas y trampas que se deben superar luchando contra las adversidades, pero sobre todo, luchando con uno mismo. Trazando cada paso con fe y rigor, para llegar al final del camino -equivalente al umbral de la habitación- despojado de toda contaminación del alma y en armonía con el yo interior.


la representación del espacio

Tarkovski establece un estrecho vínculo entre los personajes y el paisaje. En la Zona, el espacio aparece potenciado continuamente y con dos finalidades. Por un lado el espectador tiene la sensación de que los personajes están perdidos en la inmensidad, sensación que se consigue por medio de la proliferación de planos estáticos y generales. Crea una especie de espacio teatral, abierto, que guarda la distancia con aquel que lo ve. En ocasiones, dentro de estos planos generales, cuando los personajes discuten entre ellos es difícil apreciar quién es el que habla. El espectador debe hacer un esfuerzo. Incluso en muchas ocasiones el que escucha -el receptor- se mantiene fuera del cuadro. Y es con todo ello que el espectador siente cierta tensión respecto a la inquietud que crea la inmensidad del espacio así como a la comunicación poco fluida entre personas.

No obstante, en contraposición, se realiza un largo repertorio de primeros planos y planos detalle, que consiguen reducir ese infinito a algo personal, al interior de los protagonistas, a su lucha constante y personal. En este caso se nos muestra tanto la expresión del rostro del que habla – que en la mayoría de ocasiones reflexiona en voz alta, sin llegar a comunicarse con el resto-, como detalles de objetos sumergidos en el agua (5), bien sean armas, jeringuillas, fotografías, cajas, monedas, etc., lo cual nos muestra un ojo selectivo que nos enseña lo que quiere relacionar.
Con todo, observamos una autonomía en el movimiento. Es decir, los personajes tienden a entrar y salir del cuadro, se toman esa libertad. Se relacionan con el espacio, deambulan por él. E incluso, por otra parte, la mayoría de los planos fijos del film, no lo son. La cámara se desliza sigilosamente, ya sea por medio del zoom óptico o por medio de travellings horizontales, de tal modo que igualmente queda enfatizada en todo momento la quietud del espacio, aunque el movimiento no cese.

Tarkovski no sólo nos ofrece un estrecho vínculo entre los personajes y el paisaje exterior natural, sino también con los interiores. Éstos son tratados de un modo pictórico. La ubicación de los personajes dentro de cuadro y los puntos de fuga así lo denotan. Es éste un patrón que se seguirá a lo largo de toda la película. Un ejemplo claro es, en la apertura de la misma, un plano secuencia que transcurre en un apeadero. La imagen compuesta de tonalidades sepia fuertemente contrastadas contiene una textura rugosa casi palpable. Los protagonistas quedan agrupados en el extremo izquierdo del encuadre, mientras que en el derecho se coloca el dueño del lugar. El punto de fuga viene del centro, de una puerta que luego se cierra. El contraste tonal es oscuro y el plano es de gran profundidad, lo cual crea un ambiente pesado, sórdido, pero a su vez, unos pequeños puntos de luz dan un matiz misterioso y dramático a la escena. 
Otra escena de gran belleza visual y connotada influencia pictórica es aquella en la que los personajes se encuentran dentro de una habitación reflexionando, justo ante el umbral de la habitación sagrada. En ella la composición se divide en dos planos. El primero, donde no ocurre nada, nos muestra el muro de entrada al habitáculo. El segundo a los personajes dentro de él -entrando y saliendo de campo-, vistos tan solo a través del pequeño espacio que nos ofrece la puerta. Se nos muestra un juego de espacios en su profundidad, de un modo que nos hace recordar los interiores conectados por puertas abiertas de Vermeer o Hammershoi. En todo caso, el realizador se decanta por ambientes sobrios y dramáticos, muy a menudo pesados, donde no obstante, nunca deja de lado la armonía compositiva.

elementos bíblicos y símbolos

Aunque Andrei Tarkovski siempre declaró no ser creyente, son indudables los paralelismos de los elementos del film con algunos motivos religiosos. El realizador, afirma que el tema central del film son los valores humanos, los cuales vincula íntimamente a la fe. Aunque esta fe no debe entenderse forzosamente como religiosa, es evidente su paralelismo con la fe cristiana, y principalmente respecto a la figura del Stalker. Éste, no es sino un guía espiritual. Alguien que ha sacrificado todo en su vida por reconducir hacia la fe a aquellos que han perdido toda esperanza. Para ello ha sacrificado varios trabajos y ha pasado largas temporadas en la cárcel. Además, cada vez que emprende su viaje hacia la Zona debe abandonar a su mujer y a su hija -sobre la que además siente la culpa de haberle causado mutaciones- , sin saber con seguridad si las volverá a ver. Sus pasos en la vida son, en definitiva, como autoflagelaciones. Sin pasar por ese sufrimiento no le es posible sobrevivir, pues no podría dejar de ser un Stalker. Es por ello que en su regreso de la Zona trae consigo al perro, que simboliza a ésta, la cual siempre lo acompañará.
Sin embargo, la referencia bíblica más clara es la corona de espinas que aparece en el umbral de la habitación sagrada. El escritor la coge y se la coloca en la cabeza. Tras un largo camino de sufrimiento y aprendizaje -equivalente al de Cristo-, cruzar el umbral de la habitación supone el final, pero también el comienzo -como una resurrección-.
Por último, queda el milagro, la esperanza como decíamos, personificada en la figura de la niña mutante. Tocada por la Zona, portadora de forma innata de sus secretos, representa el punto de luz que ha de crecer en la noche eterna.


1. Andrei Tarkovski en Esculpir en el tiempo. pag.219.

2. Andrei Tarkovski en Esculpir en el tiempo. pag.223.

3. Declaraciones que aparecen tras la primera secuencia del film como títulos de crédito.

4. Stalker viene del verbo inglés to stalk, que significa cazar al acecho, andar sigiloso. Por ello podríamos traducirlo como “merodeador”. La simbología respecto al papel del personaje es evidente.

5. No es extraño que recorra las aguas que encierran los resquicios de los productos nocivos de la humanidad. Para Tarkovski, -y lo vemos en sus films-, el agua juega un papel redentor. Un ejemplo claro sería el baño de Kelvin con su madre en el tramo final de Solaris.



8 de septiembre de 2007

La fuente de la vida (2006), Darren Aronofsky

En el número de Junio de la Cahiers du Cinema España, Ángel Quintana escribía un artículo en el que reflexionaba sobre la trayectoria de Aronofsky y Terry Guilliam centrándose en sus últimas películas, en el primer caso La fuente de la vida y en el segundo Tideland (2005). Llegando a la conclusión de que las propuestas de ambos resultan un modelo en crisis. Y es que ambos cineastas se dirigen, si no a la deriva –el caso del primero–, al naufragio –caso del segundo-. Es cierto bajo mi punto de vista que a Guilliam le faltan, y mucho, las luces de Brazil, al igual que Aronofsky las de Pi. No obstante, no me parece tan alarmante la situación de este director neoyorquino de corta trayectoria que tan solo cuenta con tres filmes en su haber.
En La fuente de la vida intenta investigar más allá de la plástica de Pi y Réquiem por un sueño, interesándose por unas imágenes de corte pictórico que presentan algunos rasgos derivados del diseño gráfico. El resultado son unas imágenes de gran interés y belleza. Sin embargo, la parte final del filme resulta un alarde plástico que llega a rendirse cansino y repleto de manierismos.
Como en el resto de su corta filmografía, Aronofsky indaga en la facultad obsesiva del ser humano presentándonos una historia que lleva al límite a su protagonista. De tal forma que, obsesionado con salvar a su mujer, lucha consigo mismo y los misterios de la existencia para encontrar un remedio a la muerte.
Un relato sugerente y de gran fuerza visual que avanza irremediablemente de más a menos.

23 de agosto de 2007

Naturaleza muerta (Jia Zang-Ke, 2006)

Naturaleza muerta ( Sanxia haoren 2006), el último trabajo del director chino Jia Zhang-ke, consta de una conexión inusual con la pintura. En primer lugar, el filme nace de su admiración por el pintor Liu Xiao-dong, sobre el que estaba rodando un documental: Dong. Cuando supo que el pintor se trasladaba a la región de Las Tres Gargantas se desplazó allícon él. Posteriormente Jia ha afirmado respecto al pintor chino que siempre tuvo la idea de filmar su trabajo, ya que considera que su acercamiento a la realidad es muy parecido al suyo, aun sin utilizar las mismas herramientas.
Durante el rodaje de Dong, pensó realizar un largo de ficción, comenzando así otro rodaje que duraría seis meses y daría lugar a Naturaleza muerta. Un título, el atribuido en España –el anglosajón es Still life- cuyo enunciado además contiene un gran sentido metafórico. Y es que la relación de las imágenes del film con dicho género pictórico se hace evidente, resultando de lo más atractivo a los ojos de un espectador que observa unas imágenes de una fuerza poética y estética a considerar.
Pero Jia no retrata bodegones u objetos expositivos. Nos muestra una región de china donde apenas existe un halo de vida. No porque esté deshabitada, sino porque sus gentes se pasean entre las ruinas de una ciudad sumergida como almas en pena. Una ciudad, Fengjie, que quedó prácticamente sepultada por las aguas del Yangtsé tras el inicio, en 1993 de las obras titánicas –que hoy continúan- de la presa de las Tres Gargantas. Una ciudad donde los hombres se ganan la vida desmenuzando las ruinas que quedan para comenzar a construir los nuevos barrios.
Los dos protagonistas del filme regresan a la ciudad fantasma partiendo desde Shanxi. Sin embargo, en ningún momento se cruzan. El primero, Sanming, es un minero que dejó Fengjie dieciséis años antes y que ahora regresa en busca de su mujer y su hija. Shen Hong en cambio –interpretada por la inconfundible musa de Jia, Tao Zhao-, busca a su marido para pedirle el divorcio. Ambos parecen ravenants que vuelven del más allá para resolver aquello que impide que su existencia se torne feliz. Aunque como apuntábamos, resulta aún más fantasmagórico el espacio de las Tres Gargantas que ellos mismos. Por ello, es inevitable la comparación con la obra cumbre del pintor Arnold Böcklin: La isla de los muertos (1880).
Un hombre se dirige en una barca hacia una isla sostenida en medio de la bruma. La imagen emana misterio, transmite un inquietante silencio, pues la isla es algo del más allá, un lugar que incita a la mente humana a perderse dentro de su propia imaginación e inconsciente. Aunque funcionalmente, se nos presenta como un cementerio.
En el filme -como en el cuadro- los dos protagonistas llegan a Fengjie en un pequeño barco, introduciéndose en una atmósfera brumosa e intemporal. Sin embargo en este territorio ni siquiera hay cementerios. Los cuerpos vagan junto a sus almas, en pena. Es la misma ciudad la que ha sido sepultada, no sus habitantes.
Cuenta el mito que el genio subterráneo Caronte transportaba con su barca hacia el Hades, a los muertos que habían recibido las honras fúnebres, atravesando así los ríos que separaban a los vivos de los muertos. Los vivos que intentaban visitar el más allá eran rechazados, al igual que los muertos insepultos, que quedaban destinados a vagar durante cien años por el río.
Si observamos a las gentes del lugar, vemos que no solo los protagonistas del filme son ravenants. Todos aquellos que aparecen en los planos, parecen haber sido rechazados por Caronte. Viven anclados en un pasado que les ha sido arrebatado. Ausentes, como zombis en masa, sin techo ni pertenencias, trasladándose de un lado a otro en busca de trabajo. Aunque ahora, las figuras se pierden en un paisaje vampiro que poco a poco los devora, pues al fin y al cabo, han sido ellos mismos, los hombres, quienes lo han transformado.



*Tras conseguir el León de Oro del Festival de Venecia 2006, Naturaleza muerta está a punto de llegar a las pantallas españolas, tras haberse presentado en Barcelona en la presente edición del BAFF.

9 de agosto de 2007

Babel (2006), A. González Iñárritu

Babel es una continua relación causa-efecto, una sucesión de acontecimientos que enlaza las vidas de diversas personas de distintas partes del mundo, aún sin que lleguen a conocerse. Trata de descubrir hasta donde puede llegar el efecto producido por un hecho ordinario. Además, el realizador mexicano trata de reflexionar entorno a la comunicación intercultural humana. Algo que supone toparse con una dura realidad: si el ser humano en muchas ocasiones no es capaz de comunicarse exitosamente con sus homólogos culturales y lingüísticos, ¿cómo entonces puede ser capaz de hacerlo con alguien cuyo medio de expresión es dispar al suyo? Babel es esto, distancia y cercanía. Un mero hecho trivial es capaz de causar un efecto extraordinario e irreversible en el otro extremo del mundo. Sin embargo, la dificultad de comprensión entre esas personas distanciadas puede ser muy exacerbada, partiendo del hecho de que de por sí lo es entre pueblos fronterizos –como bien se ejemplifica con México y EEUU- e incluso dentro de una misma frontera. De ahí la referencia al relato bíblico en el título del film.
La topografía de Babel se extiende a través de cuatro países: Japón, Marruecos, EEUU y México. Todo para contarnos cuatro historias coetáneas: la de una niña sordomuda, una familia de pastores marroquíes, un matrimonio que intenta salvar su crisis realizando un viaje y una niñera mejicana que se ocupa de los hijos de éstos. Todas ellas se enlazan con maestría mediante todo un repertorio de elipsis y saltos espacio-temporales. Algo que reforzado por la diversidad y proliferación de planos, tomados en muchas ocasiones por una cámara al hombro son ya sello definitorio del realizador mexicano y también del cine posmoderno. El cuerpo narrativo de 21 gramos y Amores perros ya estaba formado por un entramado de saltos temporales e historias entrelazadas. Y es que a Iñárritu le interesa experimentar sobre el tiempo fílmico, al modo de –salvando las distancias- otros directores posmodernos como el Tarantino de Pulp Fiction y Reservoir Dogs o del Christopher Nolan en Memento, y que entra en metafísicas, adentrándose en la propia realidad de los personajes de ficción, de la mano de Michel Gondry en Olvídate de mí.

Pero volviendo a Babel y retomando la causa-efecto, observamos que a pesar de que parezca llevar el peso del relato la historia de la familia estadounidense, es de la historia japonesa de la que fluyen las demás. A raíz del suceso protagonizado por el padre de la niña sordomuda acaecido años antes durante un viaje a Marruecos se produce un efecto dominó que va destrozando las vidas de todos los protagonistas, de los cuales – y lamentablemente es ley de vida- los del “primer mundo” son los más beneficiados.
Dentro de esta causa-efecto, la incomunicación posee un peso importante. Y es que a lo largo del film nos encontramos ante cuatro grados distintos de incomunicación que se corresponden con cada una de las historias.
Asistimos a la dificultad comunicativa entre turistas y autóctonos de países tan dispares como EEUU y Marruecos. Dificultad que se salda gracias al guía del autobús, el cual habla inglés. No obstante, en Babel vemos un mejor trato por parte del pueblo marroquí del que la pareja americana no entiende ni su idioma ni su cultura que por parte de sus homólogos turistas –los cuales los abandonan con el autobús-.No obstante, los roles se intercambian entre países de distinta lengua, en el caso de EEUU y México. Se nos quiere mostrar cómo los representantes de la lengua minoritaria –para el caso, económicamente hablando- deben sumirse y comunicarse por medio de la mayoritaria. De nuevo se produce una incomunicación, esta vez por lo tanto, a raíz de la discriminación racial.
Por otra parte, no es casual que la hija del japonés que le regala el fusil a un marroquí que le sirvió de guía, sea sordomuda. De esta forma se plantea un nuevo ejemplo a la vez que se realiza la denuncia ante la situación de aislamiento que sufre la joven.
Por último, llegamos al ejemplo más extremo. La no comunicación entre personas que hablan una misma lengua, algo producido en base del abuso de autoridad. En este caso, los agentes marroquíes, que poseen un status solial y una autoridad superior a los pastores, no son capaces de comunicarse sino mediante la violencia con las gentes a las que interrogan. Una falta de comunicación que puede llegar a provocar muertes.

Si observamos los acontecimientos del film en línea recta, sin saltos temporales, observamos que todo comienza en Japón. O mejor dicho, en el momento en que –como hemos dicho- un japonés le regala a un marroquí un arma. Y de este modo vemos como el realizador mexicano quiere retratar las distintas topografías para enfatizar el elemento crítico de denuncia en el film. En esta primera conexión entre Marruecos y Japón, observamos las dos caras de la moneda del mundo, el máximo desarrollo y la cara opuesta que éste provoca. El Japón que se nos muestra es el de los letreros luminosos y el lujo y la tecnología. Por su parte, lo que vemos de Marruecos, no son sus paraísos turísticos ni sus ciudades principales, vemos su cara más árida, desértica, donde las familias aún viven del trueque y el pastoreo.
En la segunda relación, Marruecos-EEUU, tan sólo existe una topografía, la del país africano. Lo cual es utilizado para enfatizar la situación de desubicación en el medio, de desesperación y desamparo que sufre el matrimonio, y sirve además, como muestra de cierta denuncia respecto a las reacciones “subdesarrolladas” de un país tan “desarrollado” como EEUU.
La tercera relación, EEUU-México sirve como excusa para narrar los acontecimientos relevantes en el film producidos en la frontera. El nexo entre ambos países es el paso de la frontera de los hijos del matrimonio anterior y su niñera, acumulando la familia todas las desgracias posibles, pecando el guión de melodramático y enrevesado a pesar del genial rodaje de estas escenas. A través de la figura de la niñera, observamos los cambios de rol que puede sufrir una persona y el status que se le otorga en uno y otro lado de la línia quesepara dos paises. En el que puede vivir con lo mínimo y en el que tiene que someterse para conseguir lo que al otro lado por contra sería lo máximo. La situación dramática e injusta que sufre dicho personaje en el desierto -donde por momentos se encuentra totalmente abandonada y perdida además de desatendida por un policía- enfatiza la situación desesperante que se avecina. No se le va a permitir seguir su vida, estará condenada a no poder a entrar jamás en ese país. Por lo tanto, el cometido es denunciar una situación fronteriza que es real, y evidentemente cercana al realizador mexicano y su equipo. Algo muy interesante de denunciar, aunque se hace de forma un tanto forzada, al recurrir a poner en desgracia al resto de los miembros de la familia americana para enlazar las historias.

Hasta aquí la trilogía de González Iñárritu, compuesta por sus tres primeros films y en la que ha trabajado con el mismo equipo. Una trilogía que ha ido dándose a conocer al mundo a medida –como es lógico- que sus films han ganado en comercialidad. Es decir, mayores presupuestos, distribución, rodaje en habla inglesa, participación de actores reconocidos, etc. Sea que a pesar de todo Babel carezca de esa frescura y pureza que contenía Amores perros.